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Cultivos leñosos

El ciruelo

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Introducción

El ciruelo autóctono en el Entorno de Doñana es una variedad cuya distribución y presencia en la zona actualmente es bastante limitada, si bien parece ser uno de los frutales tradicionales en estas tierras. Todavía no olvidados en el tiempo, las gentes guardan en la memoria bastantes recuerdos de ciruelos antiguos que han desaparecido en la actualidad y que se suman al conjunto de ciruelos locales que todavía perviven.

En el mercado, el ciruelo es una fruta que ha tenido bastante comercialización y su oferta es variada. Se pueden comprar diferentes tipos de ciruelas, de diversos colores y tamaños y diferentes épocas de maduración. Paulatinamente, así lo sugiere el trabajo de campo, los ciruelos locales han ido desapareciendo de los puestos de los mercados donde antes se vendían, aunque todavía están presentes en las mesas de las familias de los mantenedores y sus allegados. Almonte y Villamanrique se han convertido en productores de ciruelas pero ninguna local. Quizá su constante y variada oferta en el mercado haya contribuido a su paulatina regresión en las huertas. Por esta razón también, aunque todavía queden ciruelos autóctonos en los cercados, las variedades foráneas apenas se cultivan en el contexto de la pequeña agricultura. En definitiva, existe una reducida distribución total de ciruelos en los predios estudiados, y casi nula de ciruelos comerciales.

El número de ejemplares por finca, como decíamos, no supera los tres o cuatro. Comparte esta característica con la mayoría de frutales locales, pues su único uso para el abastecimiento familiar y su buen rendimiento, como se verá más adelante, convierte en suficientes estos bajos números.

El ciruelo (Prunus domestica), de la familia de las rosáceas, se describe originario de China y , como muchos otros frutos, parece que fue introducido en la península por los romanos, al igual que ocurrió con el damasco, de la misma familia y también con origen en Oriente. A lo largo de este capítulo intentaremos descifrar las claves de la convivencia de las ciruelas locales con las ciruelas comerciales, así como las razones por las que han ido desapareciendo las variedades antiguas y por qué permanecen todavía las que quedan.

Entre los agricultores con los que hemos trabajado, gentes de edad media superior a los 60 años, puede encontrarse cierta preferencia por cultivar sus propios alimentos. En el pasado era la mejor alternativa para complementar los bajos ingresos que aportaba el trabajo en el campo, con lo que se ha llamado economía del autoabastecimiento y la autosuficiencia. Todo aquel que tenía acceso a la tierra aprovechaba para cultivar algo y los agricultores con los que hemos trabajado todavía guardan la costumbre y tradición de cultivar aquello que les gusta y por lo que se sienten atraídos. Las razones para seguir cultivando frutales para el avío de casa en la actualidad necesariamente son diferentes a las de antaño, pues el acceso a los alimentos está garantizado en Andalucía para la mayoría de la población.

¿Por qué se decidió usted a poner los almendros [como patrones francos] aquí?

¡Coño! Porque, ya digo, como estaba aquí digo: «voy a poner algún árbol para comer fruta para casa…»

Claro, porque se ha llevado… ¿desde cuándo tiene usted este terreno? ¿cuánto tiempo hace que lo tiene?

Éste… yo lo tengo desde cuando nací.

Y nunca ha tenido árboles ¿no? ¿O sí ha tenido?

Sí he tenido pero… he tenido ahí, ahí donde está el corral ese ha habido un nogal, un nogal grande. Y más para allá había un... de la casa para allá tenía mi abuelo y mi padre dos o tres damascos y dos o tres arbolillos ahí, pero ya se pusieron muy malos y digo: «¿sí? Pues ahora voy a poner unos pocos de árboles de éstos… voy a poner árboles para que den fruta para casa», porque como decía mi madre: «¡hay que ver, con un cercado grande y no tener fruta!». Digo: «¿sí? Pues ahora voy a coger fruta».

Manuel Escobar, Villamanrique

Los motivos por los que los agricultores continúan reproduciendo y sirviéndose de variedades locales de frutales como el ciruelo no responden a causas materiales pero la costumbre que se origina en las condiciones de vida del pasado todavía pueden perdurar, aun cambiando el contexto económico y social. Por ello se continúa con la tradición del autoabastecimiento, la optimización de los recursos con los que se cuenta (como la tierra), predios cuyo manejo sólo se entiende a través de la optimización y diversificación.

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Policultivo en Hinojos.

Policultivo en Villamanrique.

A esto se añaden motivos que responden a contextos modernos, como por ejemplo el producir alimentos propios cuando todos dependen del mercado, consiguiendo así la sensación de independencia alimentaria. En otras ocasiones se reproducen emociones y sensaciones que están ligadas a factores identitarios, pues a través de los frutales locales se evoca el pasado, una forma de vida diferente a la actual, y también se construye el presente, cultivando la tierra propia y produciendo frutas “del país”, que alude a ámbitos geográficos concretos y cercanos.

Las variedades locales tienen además especificidad climatogoegráfica, de ello su importancia para la conservación de la biodiversidad. Otras motivaciones derivan de la percepción, que afecta a un número cada vez mayor de población de todo el mundo, de que los cultivos y las frutas producidas por la agricultura industrial han perdido calidad y conllevan un riesgo para la salud por la cantidad de sintetizados químicos que llevan incorporados. La identificación y descripción de las claves culturales que impulsan este proceso a través del cual se mantienen variedades locales de estos cultivos será el resultado de la revisión agronómica de los ciruelos locales así como del acercamiento al imaginario compartido por las gentes que convive con esta porción de naturaleza.

Los frutales como el ciruelo tienen un inconveniente para conseguir una garantía de reproducción ya que la vida del árbol es relativamente corta, aunque entre los frutales de huerto quizá sea uno de los más fuertes. Requiere también mayor cuidado que árboles como el almendro y el olivo y cada ocho o diez años hay que reemplazar las ramas que van dejando de ser productivas. El propio árbol ha de ser reemplazado cuando a los 20 años pasa a ser un árbol viejo, más propenso a las enfermedades y con mayores problemas productivos generalizados.

Para tener un conocimiento de los ciruelos que se cultivan y la razón por la que siguen haciendo frente al empuje de la agricultura intensiva y de mercado, conviene hacer una breve descripción, aunque tan sólo sea a través de imágenes y recuerdos de los agricultores, de los ciruelos locales que una vez existieron aquí pero que ahora han desaparecido, al mismo tiempo que se avanza información sobre aquellos que todavía perviven.

Cuando los agricultores de la zona nos hablen del ciruelo iremos viendo cómo emplean diferentes taxonomías. Puede que la más extendida para este prunus sea el nombre común de ciruelo, como es utilizado en castellano normalizado, pero también encontramos otras formas menos extendidas como aciruelos o naciruelos.

Las variedades de ciruelo tradicional que se han localizado en el Entorno de Doñana responden a las denominaciones de ciruelo blanco, bomba o gorda, platanero y santa rosa. Todavía los agricultores recuerdan otros ciruelos que se cultivaban en su infancia pero que ya se han extinguido. Algunos nos hablan de la existencia de ciruelos blanquillos, con la ciruela blanca y pequeñita; el manga de fraile, también de ciruela pequeña y blanca, aunque alargada con relación al anterior (no ha de confundirse otro manga de fraile que los agricultores identifican como no local, de ciruelas oscuras); y un ciruelo negro cuyas frutas eran de no muy buena calidad. También han hablado de una ciruela claudia y un ciruelo gruño pero de los cuales la información que hemos obtenido es muy escasa.

Ciruelas… la fraile, la bomba, una amarillita que es bomba, y otra que yo tenía, que es la última que yo quité aquí… que eran negras, ¿cómo se llamaban, madre mía? (...) Muy gordas, negras… Negras.

Gregorio González, Villamanrique

[De ciruelas antiguas] he conocido la negra. Bueno, la azulada y la amarilla.

¿La amarilla era la manga de fraile? ¿Había alguna que le llamaban manga de fraile?

Bueno, fraile era esta blanquilla.

Venancio Cano, Hinojos

Los únicos ejemplares de ciruelo bomba que se han localizado están en Villamanrique. Uno de ellos, situado entre olivos y acompañado de otros pocos frutales, así como de un ciruelo manga de fraile moderno, fue rescatado gracias a la iniciativa de su mantenedor, quien al tener información de que el predio donde estaba iba a ser vendido y los ciruelos podían desaparecer, insistió en recuperar material vegetal de esta variedad para así injertarla en un almendro en su propia finca. Nótese el interés no sólo en recuperar variedades antiguas y a punto de desaparecer, que puede quedar más o menos implícito en estas acciones, sino también en diversificar los frutales que tenía, así como alargar el periodo en que disponía de estos frutos. Lo único que conocía del ciruelo bomba era su aspecto.

No sé la casta que es pero, vamos, que ése lleva muchos años aquí ya. Aquí hay uno de fraile, pero de fraile no de esa parra que había, sino negra, muy buenas. Muy buenas no, buenísimas. Que se vienen de ahora para adelante. De ahora para adelante es cuando se coge. Madura que es divina. Y otro el ciruelo bomba que hay redondo que es así de gorda, muy hermosa, con un hueso chico, que no son ni negras ni blancas, son medio moreteadas, ¿sabes?

¿Lo recuerda usted del país?

Ése de cuando fui yo… de una finca que hay ahí, que ese hombre estaba en una finca grande de naranjos, que le decían José de la Diíta. Y ahí tenía en ese cercado (...) unos pocos de ciruelos muy grandes, y allí fui yo por la planta de los dos, del de fraile y del otro y lo injerté yo ahí en almendro, de modo que no sé cómo se llaman.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Su tamaño siempre ha llamado la atención y será otro agricultor, también en Villamanrique, quien al hablar del ciruelo bomba rescate la variedad en su memoria gracias a su tamaño y aspecto.

Amarilla. La amarilla esa… que son amarillas, amarillas.

¿Pero son gordas o medianitas?

Son así, así, son gorditas, parece que hay dos tamaños de la bomba, que yo las he visto más chica y más gorda, pero el color suyo es el mismo, amarilla, amarilla.

¿Y de siempre las han llamado bomba?

Bomba yo la he escuchado siempre… que son muy dulces y muy buenas esas ciruelas, pero por lo que sea no se ven mucho.

Gregorio González, Villamanrique

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Ciruelo bomba. Fruto. Junio. Villamanrique.

Efectivamente, “por lo que sea”, el número de árboles de ciruelas bomba no es muy alto y sólo se han podido localizar tres ejemplar en Villamanrique, aunque queda abierta la posibilidad de que existan algunos más.

Antes de describie el ciruelo santa rosa local en Doñana, hay que dejar claro que existe una variedad denominada santa rosa que es reconocida en agronomía como originada en el año 1906 y se describe como muy extendida en España (AGUSTÍ, 2004:283). En el caso de ser la misma variedad, si hubo plantaciones dedicadas a esta ciruela en Doñana no se recuerda y quedan pocos ejemplares. Parece que tienden a desaparecer por su poca productividad, pero hay algunos que todavía disfrutan con su sabor.

M.: Eso es, ésas son las santa rosa que tengo yo allí.

G.: A mi se me secó el santa rosa, muy temprano, gordas. José Galindo tiene, que se llevó… son antiguas más de 20 años.

D.: Hay pocos, que las han quitado del mercado, el Chávez también las tuvo.

Manuel Escobar, Gregorio González, Diego Rodríguez. Villamanrique

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Ciruelo santa rosa. Junio. Fruto no maduro. Villamanrique.

Trazar el origen del ciruelo platanero a través del tiempo, como el resto de ciruelos, es complicado, pero existen ejemplares en los tres municipios de la zona de estudio. Uno de los ejemplares de platanero que hemos localizado fue ofrecido por un vecino al actual mantenedor de la variedad. Fue iniciativa de uno hacia el otro, con la intención de ofrecerle algo especial: una fruta más temprana, que maduraba antes que las demás.

¿Y de dónde lo trajo usted este, el platanero este?

Éste lo traje de ahí de… por la ronda de la gasolinera, donde está la gasolinera. En los olivos aquellos, que tenía allí… Un hombre tenía un árbol o dos de estos y me lo dijo: «mira, para comer la fruta más temprana, llégate al árbol que hay allí, y te traes si tienes un…» Digo: «sí, tengo ya dos o tres almendros agrios allí que ya voy a injertarlos». Dice: «pues llégate a ése y te traes dos o tres cachetes de palos… según la espigas que le vayas a meter. Te traes cuatro cachetes de palo así». Y le metí dos y dice: «cuando las otras estén pintando, ya ése se está apurando, es más temprano, es más temprano».

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo platanero. Frutos. Junio. Villamanrique.

El platanero, de color rojizo con tonos anaranjados, ha sido confundido algunas veces con el gruño antiguo, del que no tenemos imágenes, quizá por compartir tonalidades claras. Así algún agricultor, cuando le hemos mostrado la fotografía de esta ciruela, dice que se parece al gruño. Esto puede ser simplemente una confusión por olvido, por el parecido, o debido a un intento del agricultor por recordar ese gruño y demostrar que lo recuerda, confundiéndolo, sin intención, con varios tipos de ciruelas. El informante quiere así mostrar que no ha perdido su vínculo con el pasado, su conocimiento de las variedades antiguas así como su capacidad y solvencia para atender nuestros requerimientos como informante en el tema de las variedades locales.

¿Y ésta? ¿La número dos? [ imagen de la ciruela platanera].

Es un estilo al gruño.

Vicente González, Villamanrique

El platanero es un ciruelo muy dulce, descrito por los agricultores como con sabor a plátano y quizás de ahí derive su nombre. Esta peculiaridad, ser identificado con el plátano, resulta tremendamente atractiva para incorporarla en el discurso cuando se describe esta ciruela. Una ciruela-plátano como no hay otra.

A.: Sabe a plátano. Tiene casi un gustito a plátano. Tengo tres, que tú te la comes… El gusto y el olor a plátano.

¿La que sabe a plátano cuál es?

A.: Esa que te estoy diciendo, que son redonditas así blancas. Un poquito parditas.

C.: Están muy ricas. Muy ricas

A.: Esas pardas que saben a plátano, tengo una finca más para allá…

Antonio Medina y Carmen García, Hinojos

No tengo. Porque no… no me interesa a mí. Me gusta ése más que el platanero. Eso, esas ciruelas plataneras son también muy buenas, muy dulces, nada más que son blancuzcas, y tienen un gustito a casi a plátano, por eso le dicen platanero...

Diego Rodríguez, Villamanrique

El ciruelo blanco, junto con el santa rosa, está muy limitado en la zona y apenas un ejemplar ha podido ser localizado, en el municipio de Villamanrique. No ha de confundirse con el ciruelo blanquillo que ha aparecido en algunas citas anteriores, pues las ciruelas blancas sobrepasan en tamaño las del blanquillo, tienen tonos más amarillentos y, con diferencia, es de los más productivos, a diferencia del blanquillo antiguo.

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Ciruelo blanco. Fruto. Junio. Villamanrique.

Después de esta presentación de los ciruelos locales y antes de profundizar en su caracterización etnoagronómica, queremos dedicar unas líneas a la relación que se da, cuando se perciben las frutas locales, a la geometría de los frutos y la sensación que provocan en los sujetos. En una de las fincas de Villamanrique un agricultor nos daba una información valiosa sobre los ciruelos. Hacía dos años le habían entregado ocho ciruelos de una variedad cuyo nombre no conocía, pero que eran gordas y de color negro. Cuatro árboles se quedó él y cuatro le dio a su vecino. Cuando visitábamos su finca nos describía cómo uno de ellos era macho, porque echaba pocas ciruelas. Hacía un año que lo había injertado en otra variedad de ciruelas más gordas, y nos podía explicar perfectamente el fenómeno de autoincompatibilidad que se da en la especie y el fenómeno de polinización cruzada que ocurría a través de estos polinizadores o machos. Curiosamente estaba intentando anular las características de este ciruelo macho injertando sus tres ramas primarias.

Me dieron éste [un ciruelo] y tres más que hay ahí en la vera [en la alambrada de su huerta], cuatro, y cuatro que le di a mi vecino. Echan unas ciruelas negras horrorosas de grande, y el que he injertado mejores, que son distintas. Un año tiene el injerto, que me parece a mí que en marzo fue cuando lo injertó. Y este año le va ha injertar la otra pata. Porque éste por lo visto era macho, y aquí para que la abeja injerte una flor con otra, cada cuatro hileras pone una de machos de éstos, que éstos no echan fruta. Echan pero muy chiquininas, no valen, pero la abeja chupa la flor de éste y la injerta en el otro, el polen. Se polinizan. Eso es.

Valentín Terrón, Villamanrique

Por un lado el discurso nos indica la búsqueda de variedades cuyo fruto sea mejor, entendiendo esa mejora en un mayor tamaño del fruto. Se refleja además la constante innovación, intercambio y búsqueda de variedades nuevas, extrañas, desconocidas. Por otro lado nos muestra la asimilación del conocimiento y técnicas de la nueva agricultura (incorporación de polinizadores en plantaciones de especies autoincompatibles como los ciruelos) a su acervo cultural y cómo se traduce según su forma de entender el mundo. Estos ciruelos macho, también son descritos como ciruelas frías, haciendo alusión quizá a la ausencia de calor o flema, propiedades simbólicamente asociadas al ámbito de la sexualidad.

De igual manera que el conocimiento local representa estas cualidades reproductivas de las plantas, que nos ha aparecido desde la idea de la búsqueda y mantenimiento de variedades locales, otros mantenedores también traducen a su manera no aspectos biológicos sino de mayor alcance, como es la comparación entre el modo de producción de frutales tradicional y el contemporáneo.

¿Y gustaban las frutas antiguamente, vamos antiguamente y ahora?

Para mí que se llevaban el tirón de buenas… era de secano también, las cosas de secano son mejores que las de riego, todas, nada más que hoy, como no hay nada más que riego, pues ya está…

Y ¿por qué no te encuentras ciruelos o frutales en todas las finquitas? ¿Por qué hay gente que no le gusta plantar frutales?

Eso depende de la gente. Eso depende de que hay quien tenga finca y hay quien tenga de todo y hay quien no le guste tener nada. Hay quien no le gusta tener nada pero por no hacer nada. El otro día un amigo mío, que tiene una parcela ahí, muy buena, con todo el agua que le da la gana, y digo: «¡llévate unas pocas de lechugas de aquí!» Y dice: «¿Yo? ¡Sí, yo me voy a llevar lechugas. Que las compren!». Pues de esa manera es todo, ¿comprendes? Y no tiene nada que hacer. Porque si tiene 300 olivos mete los hombres para coger las aceitunas, y para desmarojarlo mete hombres. Como lo que no quiere es hacer nada, por eso no las tiene, porque al que le guste las tiene, y el que no le guste pues no las tiene. Yo creo que estoy hablando bien, ¿no?

Diego Rodríguez, Villamanrique

Los mantenedores de ciruelos persiguen esta fruta con esmero, con preocupación, con interés de satisfacer el gusto de sus familiares, de tener variedades en sus propios huertos para poder elegir frutas, diversificando la producción. En otra ocasión un agricultor tenía cuatro variedades de ciruelos, tres antiguas y una moderna, y aun así seguía buscando otras variedades para experimentar, como ellos dicen, para diversificar la producción y el abastecimiento familiar. La toma de decisiones no giraba en torno al propio mantenedor sino que éste consultaba también con su familia. En esta búsqueda injertó una variedad más, pero la que puso resultó dar ciruelas muy fuertes y de maduración muy tardía, no le gustaron ni a él ni a su familia. Su intención entonces fue reemplazar esta variedad y seguir probando hasta satisfacer los requerimientos comunes.

Caracterización

Para describir los ciruelos y los frutos desde el conocimiento local recurriremos a la comparación con los datos de las caracterizaciones agronómicas que también se han realizado en este estudio. Los datos más específicos de estos ciruelos locales estudiados pueden encontrarse en las tablas ajenas.

Como se puede observar en la imagen siguiente, los ejemplares localizados son árboles son vigorosos, teniendo en cuenta la influencia de los almendros en que están injertados. Los árboles del ciruelo blanco y platanero son árboles de mayor tamaño y volumen que el bomba y al santa rosa. Todos menos éste último tienen tendencia a la horizontalidad, dando al árbol un porte lloroso.

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Ciruelos locales. Fila superior: ciruelo blanco (izqda.) y ciruelo bomba (drcha.); inferior: ciruelo platanero (izqda.) y ciruelo santa rosa (drcha.).

Es el santa rosa el de porte más vertical. Los troncos son robusto y fuertes, como describen los agricultores, y su madera fina. Ésta tiene un color verde violáceo cuando es joven, casi roja (más verdosa en el santa rosa), y de textura lisa, la cual se va oscureciendo y haciendo muy rugosa y escamosa conforme envejece.

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Ciruelo santa rosa. Brote joven. Junio. Villamanrique.

Todos los ciruelos caracterizados presentan un denso follaje de hojas verdes brillantes. Éstas son caducas, con glándulas en el pecíolo, aserradas, algo rugosas en el haz y ligeramente pubescente en el envés. El color, forma y tamaño varía según la variedad. La forma de la hoja suele ser acorazonada para la variedad bomba y platanero, cuyas hojas son las más grandes. Seguido está la variedad santa rosa, de hojas con aspecto más alargado (en proporción, porque son las más estrechas) y por último está el ciruelo blanco, con las hojas más pequeñas y más redonditas. Las del platanero tienen los tonos verdes más brillantes, que se van oscureciendo con el blanco y el bomba hasta llegar a los tonos más opacos del santa rosa. Curiosamente el platanero, siendo el más temprano, es el último en sufrir la abscisión de las hojas, pues todavía a finales de octubre estaba cargado de hojas mientras que el blanco y el santa rosa ya estaban desnudos.

¿La hoja se distingue uno del otro o no?

Sí que varían… ¿no ves? Ésta [la del platanero] es larguita…. Es más chiquita y éstas [las del santa rosa] son más grandes.

¿Y con aquél también varía las hojas, con el blanco?

Aquél tiene también las hojas larguitas como éste [el platanero].

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelos locales. Hojas. De izquierda a derecha: bomba, blanco, platanero, santa rosa.

Todas las yemas de los ciruelos locales tienen tendencia a producir inflorescencias cimosas que se resuelven en dicasios y a veces tricasios, que es como la agronomía describe a la aparición de dos o tres flores por yema, dando lugar a brotes multiflorales, propio de especies japonesas (AGUSTÍ, 2004:281). Las yemas de flor se encuentran generalmente en estructuras cortas como dardos, brindillas y ramos mixtos, con yemas terminales en madera. Las flores de los ciruelos locales tienen cinco pétalos de color blanco, que en el caso del platanero es descrito como rosado, y destacan por sus numerosos estambres de filamentos blanquecinos.

Sí, ésta es rosita [flor del platanero]. Ésas son más blancas [flor del blanco y santa rosa].

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo platanero. Flores en desborre y antesis. Marzo. Obsérvense los brotes multiflorales.

Cuando este informante podía establecer con cierta precisión el color de las flores del platanero, blanco y santa rosa, las flores del bomba también se describían como de tonos blanquecinos, aunque la precisión y seguridad al recordarlas era menor. Frente a la inseguridad de su color, sí se ofrecen más detalles sobre la época de floración, quizás un aspecto más funcional que lo relaciona con su futura época de madurez y obtención de los frutos.

¿Y de qué color son las flores? ¿Son iguales o varía el color de una a otra?

No, no son iguales. Aquéllas [del ciruelo manga de fraile] me parece a mí que son medio rosas o así. Tirando a rosa, la del más tardío, que son por lo menos 14 ó 15 días más tardíos. Y éstos [ciruelo bomba] me parece a mi que son más blancas y más temprano, como casi la flor del almendro o una cosa así.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Desde la etnociencia prestamos atención a estas mismas estructuras de la anatomía de la planta pero analizando las diferentes categorías de clasificación y las taxonomías. Ponemos atención en la variedad de descripciones que utilicen para referirse a las ciruelas y su manejo, obteniendo así algunas claves para entender las razones de su uso actual, emociones y acciones en torno a su manejo, percepción, mantenimiento y posible desaparición de las mismas.

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Ciruelas locales. Frutos. De izquierda a derecha. Superior: ciruelo blanco y bomba. Inferior: ciruelo platanero y santa rosa. Tamaño relativo no aproximado.

En una categoría descriptiva que en principio no debería dar problemas, como por ejemplo el color de las ciruelas, puede haber diferentes opiniones entre los agricultores. Todo parece indicar que sí señalan los contrastes entre pardas y oscuras, pero que las oscuras pueden ser rojas, negras, moradas, sonrosadas, etc., no alcanzándose mucha precisión en los tonos, como uno esperaría para identificar las variedades. Por ejemplo, la ciruela santa rosa es percibida y descrita dentro de un margen de tonos de rojos hacia morados de diferente intensidad.

Éste [santa rosa] tiene unas ciruelas de esas gordas negras… no son negras del todo, son así coloraduchas…

Manuel Escobar, Villamanrique

Y en el mismo sentido de las indefiniciones sobre el color, otro agricultor nos describía las bomba como amarillas, cuando también las hemos visto otras veces descritas como moreteadas. Inevitablemente su buen tamaño y su sabor siempre aparecen en escena al hablar de esta ciruela.

¿Y las bombas estas cómo son? ¿amarillas grandes?

Amarilla, la amarilla esa… que son amarillas, amarillas.

¿Pero son gordas o medianitas?

Son así, así. Son gorditas. Parece que hay dos tamaños de la bomba, que yo las he visto más chica y más gorda. Pero el color suyo es el mismo: amarilla amarilla.

¿Y de siempre las han llamado bomba?

Bomba. Yo la he escuchado siempre… que son muy dulces y muy buenas esas ciruelas, pero por lo que sea no se ven mucho.

Gregorio González, Villamanrique

Con la percepción de la forma del fruto ocurre algo parecido. Las cualidades de pequeño o grande son siempre relativas y la medición de los frutos es algo que nunca ha sido necesario en el campo. A pesar de ello, nuestro trabajo incorpora las mediciones de los frutos como se puede ver en las tablas de caracterización, donde se muestra la equivalencia con la descripciones, apareciendo la ciruela platanera con el tamaño más pequeño, con una media de 37 mm de largo por 39 mm, en contraste con la ciruela bomba, la más gorda, con una media de 51,5 mm de largo por 49,4 mm de ancho, que le da su aspecto más redondito, como dicen los agricultores. La única ciruela que no es redondita es la blanca, que tiene cierta prominencia, un piquito, en su zona más distal.

Otros detalles también son relevantes para los agricultores: cuánto producen, cuándo lo hacen y dónde se localizan los ejemplares. Tampoco hay duda en la distinción que los agricultores hacen entre locales o del país y foráneas. Además, se observa un mapeo geográfico y social muy preciso sobre quién y dónde tiene las variedades antiguas. Como son las variedades antiguas y las valoran, la trazabilidad en la geografía local es más accesible que la definición de su color. Lo contrario que nos pasa ahora: podemos decir de qué color es una manzana, pero apenas nadie sabe de dónde procede.

Para ahondar más en la etnocategorización hemos realizado entrevistas donde los informante tenían la ocasión de apoyarse en una muestra de imágenes fotográficas con las variedades locales, en este caso de ciruelas, para obtener otra perspectiva de las descripciones y poder discutir detalles. El ejercicio del reconocimiento puede ofrecer mucha más información que la descripción desde el recuerdo.

Esta ciruela no la tengo yo… ésta es otra clase, esto es un ciruelo que le llaman santa rosa, que es muy jodido de cargar, porque no es esquimeño, y éstos son… parecido a las ciruelas, esto es, sí es parecido a la ciruela, nada más que es más menudita, ¿cómo se llama?… que es muy fuerte el árbol. Sí, son parecidas a las mías. Las santa rosa son las más negras, negras completamente, pero son más gordas, lo que pasa es que el árbol echa muy pocas, y a la gente no le gusta que no eche, algunas veces ninguna, y la gente pues ya te digo… ésos los han tenido mucha gente los árboles esos…

Diego Rodríguez, Villamanrique

De todas formas, teniendo en consideración lo expuesto anteriormente, los principales elementos descriptivos para las categorías asociadas al aspecto de las ciruelas son las siguientes: para la forma, el binomio redondo-entrelargo; para el tamaño, pequeña-grande y sus variaciones; para el color, diferentes matices con gran imprecisión; para la textura, tierno, harinoso, con hebras, áspero; y para el sabor, variaciones de dulce que culminan con la ciruela platanera y su sabor a plátano. Así, la santa rosa es redonda, mientras que la blanca es más pequeña pero todavía redonda y la platanera entrelarga, que se asocia también con pequeña.

¿Y el tamaño es igual? ¿Qué ciruela es más grande de las tres?

Éste [santa rosa] tiene ciruelas así de gorda.

¿Y aquél, el blanco?

Aquél las tiene más chiquititas.

¿Más chicas que ésta también, que la platanera?

No, más redonditas que ésta.

Entonces el platanero es el más chico [el fruto].

Más chico y la fruta es un poquito más entrelarga que aquéllos. Está más dulce que aquéllos. Y más tiernas también, y más tiernas. Que este año es menester cortarlo para quitarle las ramas de ahí adentro…

¿Cuál de los tres le gusta más a su familia?

Éste [el platanero] porque éste, [el santa rosa], aunque estén maduras están más ásperas. Aquéllas [las blancas] también son dulces, también. Pero éste [el platanero] está más dulce. Pero tiene el sabor, es otra clase el sabor que aquél.

Manuel Escobar, Villamanrique

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Aproximación al tamaño relativo entre ciruelas locales. Santa rosa (arriba izquierda), platanera (superior derecha), blanca (abajo izquierda) y bomba (derecha).

La cualidad que se resalta en el santa rosa es ser más fibrosas que el resto, además de ser gordas. Con el platanero no se presta atención a la textura del mesocarpo sino a su dulzor. Lo que diferencia a un ciruelo de otro es la determinación del rasgo principal, y no la comparativa de cada una de sus cualidades. El dulzor de una fruta en los mercados ha ido perdiendo valor a favor del tamaño y la presencia del fruto, pero el sabor en lo local sigue siendo una de las características principales que hace de estos productos diferentes al resto.

Del ciruelo platanero… ¿tiene aquí uno también?

No tengo, porque no… no me interesa a mí. Me gusta ése [el bomba que él mantiene] más que el platanero. Esas ciruelas plataneras son también muy buenas, muy dulces, nada más que son blancuzcas, y tienen un gustito casi a plátano, por eso le dicen platanero. (...) Ése [un vecino] quizá tenga un platanero. Por eso le digo que ése es antiguo, ya le digo.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Ése es, tiene unas ciruelitas coloradas,

¿Coloradas, chiquititas?

No, lo mismo que el blanco, son así, chiquititas, pero le dicen platanera.

¿Qué color tienen estas ciruelas [de platanero]?

Éstas, así coloraditas. Coloradita. No todas, todas coloradas pero tienen muchos cachos colorados. Así como manchas coloradas.

Manuel Escobar, Villamanrique

En el ámbito del comportamiento de estas frutas en el mercado, la ciruela bomba o gorda que destaca por el tamaño de sus frutos, grandes y redondos, podría muy bien adaptarse a las exigencias del mercado, donde se demanda buen aspecto redondo, uniforme y grande, aunque no sea muy aventajada en productividad. Los agricultores que mantienen este frutal se jactan de sus características pero no se olvidan de que hay otros que lo superan en producción.

Éste es un ciruelo que son así de gordas [ciruelo bomba].

Y qué son, ¿negras o blancas?

Son… ni negras ni blancas, sino moreteadas, ¿sabes? No se ponen negras negras, ni blancas blancas, sino así medio moraduchas. Y son muy gordas.

¿Y son duritas?

Sí, sí, duras, con un hueso muy chico que tiene… tiene mucha carne.

[…]¿Cuál es más bueno, el de manga de fraile o el bomba?

El de fraile hace más avío. Porque no hay entonces tanta fruta. Es más tardío y es muy dulce.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Ecología

Desde la agronomía las especies de ciruelos conocidas se distinguen entre europeas y japonesas, y su aptitud se mueve por el margen de climas templados y templados-cálidos, estando las primeras mejor adaptadas a los litorales aunque son más exigentes en fríos que las últimas (AGUSTÍ, 2004:284-285). Las variedades locales caracterizadas comparten características con ambas clasificaciones, son de floración tardía que las guarda de las heladas (todas florecen después de mediados de febrero) y su sistema radicular es muy adaptable, pues funcionan bien tanto en las tierras arenosas de Almonte e Hinojos como en las arcillosas de Villamanrique.

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Ciruelo bomba. Finca en regadío con suelo de carácter franco arcilloso. Villamanrique.

Previamente hemos descrito cómo los ciruelos locales se distribuyen por las tres localidades de estudio, donde se dan las diferentes condiciones de suelo que podemos encontrar en el Entorno de Doñana. Esta situación puede ser generalizable a todos los frutales aunque cada parcela, cada terreno, cada finca, presente singularidades que hacen que unos frutales se encuentren más cómodos en un terreno u otro. A pesar de que el ciruelo suele ser una especie resistente a suelos secos, la práctica de utilizar pies de almendros es generalizada, por lo que la adaptación a los suelos será muy dependiente de esta otra especie, aun teniendo en cuenta que cuando dos variedades se fusionan la variedad injertada influye también en el comportamiento del patrón166166En el capítulo del almendro veremos cómo éste ha demostrado ser uno de los árboles cultivados más resistentes y mejor adaptados a los suelos del Entorno de Doñana y por ello el más utilizado para recibir injertos de frutos con hueso. Por su condición de frutos delicados que reciben cierto mimo por parte de los agricultores, los ciruelos han sido plantados en zonas más o menos centrales de los cercados, donde se facilite el manejo y se pueda estar atento a posibles plagas o problemas hídricos, se haga más llevadera su recolección, etc..

El hecho de encontrar una media de uno o dos ciruelos en cada finca en la que se han localizado ciruelos locales apunta hacia la necesidad de este número mínimo de frutales para conseguir el suministro adecuado de ciruelas para las necesidades de un conjunto familiar, donde se incluye abastecimiento propio, regalos, pérdidas de cosecha, posible venta de excedentes, etc. Una de las mejoras que los agricultores han conseguido sobre el ciruelo ha incidido sobre el factor productivo, de manera que las variedades actuales suelen producir más ciruelas por árbol que las más antiguas o las que han desaparecido. Esto también ocurre con las variedades modernas en las que un ciruelo puede alcanzar, en condiciones óptimas de manejo y utilización de insumos externos, mayor productividad que uno tradicional en las mismas condiciones.

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Ciruelo bomba en floración. Marzo. Villamanrique.

En este sentido podemos entonces hablar sobre la productividad de los ciruelos locales, comenzando por el santa rosa. Es el que menor producción alcanza, lo que puede haber influido en su relativa menor distribución, desapareciendo paulatinamente hasta la difícil situación actual. Por añadidura, también es el más tardío, entrando en competencia con otros ciruelos modernos también tardíos pero de mucha mayor productividad.

(...) yo creo que nadie tiene porque es que echa muy pocas. Le pasa lo mismo que a las ciruelas ésas que le dicen santa rosa, es divina, una ciruela negra… pero te echa diez ciruelas. Y no es que tenga diez ciruelas de esas porque… ¿y si tú no rindes, cómo te voy a tener yo aquí? Pusieron muchos pero los arrancaron, porque el vidueño no se cargaba de ciruelas.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Sobre el ciruelo blanco pocos han manifestado alguna crítica a su productividad pues como se suele decir, carga bien. Quizás sea uno de los que más produce. Tiempo atrás, cuando uno de los mantenedores estaba buscando esta variedad para plantarla en su finca, pedía espigas o ramas de este ciruelo a otros agricultores o jornaleros que encontraba en el trabajo. Cuando encontró una persona que tenía el ciruelo blanco lo primero que se destacó fue, en efecto, que era muy productivo.

De una espiga que me la dieron también, que digo [a otro agricultor]: «estoy injertando los almendros y tengo de todas clases menos blancas»,. Y dice: «pues yo te voy a dar una espiga, que tengo en mi casa en el corral uno de esos blancos». Y dice: «no son muy gordas, son regular, natural, pero me tengo que llevar horas quitando ciruelas, dos meses».

Manuel Escobar, Villamanrique

En este caso el tamaño del fruto quedaba en segundo lugar, resaltándose la importancia de que produjese muchas ciruelas. La carga del ciruelo era descrita en un criterio temporal y no, como cabría esperar, en cantidad. Así se maneja la idea de que se podía estar quitando ciruelas o recolectando incluso dos meses. Al contrario de frutales que se recolectan una vez para posteriormente comercializar sus frutos, cuando el ciruelo, en este caso, es para consumo propio, puede verse la importancia de contar con la posibilidad de prolongar la recolección a lo largo del tiempo, y cuanto más tiempo mejor. Hay ocasiones en que hasta alaban lo buenas que están las ciruelas pasas que no se han escindido del árbol. No interesa que el ciruelo ofrezca todos sus frutos al mismo tiempo, sino en cantidades moderadas para consumir en casa, ofreciendo los frutos maduros paulatinamente. Por el contrario, si toda la cosecha es recolectada de una vez, o bien se almacena adecuadamente (cosa que está muy limitada en el ciruelo y en estas condiciones), o bien se venden los frutos excedentes.

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Ciruelo blanco. Frutos. Junio. Villamanrique.

Esta alta productividad del ciruelo blanco parece estar en estrecha relación con la producción de un alto número de flores y con una alta tasa de fecundación de las mismas. Durante nuestra observación del ciruelo blanco pudimos comprobar esto, pues muchas eran las flores que producía en relación a otros ciruelos. Los agricultores nos confirmaron la alta probabilidad de que cada flor cuajase y se convirtiera en un fruto. Así es como se hacía una prospección de la cosecha por temporada, observando la cantidad de flores que presentaba el frutal. En otros frutales, por ejemplo, sus flores no sirven de indicador porque tienen una tasa de fecundación menor y los agricultores prefieren esperar a que los frutos ya sean perceptibles para poder hablar de producción y cosecha.

¿Echa mucho?

¿Esto?: arracimado. En cada florecita de éstas hay una ciruela.

Manuel Escobar, Villamanrique

El ciruelo bomba sin embargo destaca, no por cuánta fruta produce ni por cuándo la produce, sino por cómo es. Su productividad media-alta registrada en la caracterización agronómica está a la sombra del buen tamaño medio que alcanzan los frutos, que los hace muy apetecible según el criterio de los agricultores. La madurez de sus frutos suele alcanzarse desde finales de junio y los últimos se recogen a finales de agosto, concentrándose la producción en plena temporada estival.

Y ése, ¿cuándo acaba de echar ciruelas porque, si el más tardío dura hasta septiembre, el otro hasta cuándo?

El otro [bomba] se viene antes.

¿Cuándo más o menos, en agosto o por ahí?

Sí, en agosto o por ahí (...) ésas también están muy dulces, unas ciruelas que se ponen así de gordas. Un hueso muy chico. Muy buenas que son.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Por último tenemos el ciruelo platanero. De nuevo el criterio temporal aflora como esencial para que este ciruelo siga conservándose en la zona. Es el más temprano, incluso más que el blanco, pues madura a primeros de junio. No suele presentar mucha carga pero sus frutos, aunque pequeños, son especialmente dulces.

Y éste [ciruelo platanero] ¿por qué se lo recomendó el hombre aquel? ¿Porque le gustaba más el sabor o qué?

Porque era más temprano. (...) Éste madura… están aquéllas… y éste madura veinte días antes que ésos, naciendo todas las flores al mismo tiempo…

¿Sí? ¿Por cuándo, por julio o…?

Cuando va entrando el verano ya…

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo platanero. Fruto. Junio. Villamanrique.

Si a esta ventaja de tener frutos antes de temporada se añade un buen cuidado y manejo, su menor tamaño relativo es compensado con la técnica del raleo o castrado de los frutos (descrito en el epígrafe de la poda), para aliviar la carga del árbol y promover el crecimiento de los frutos.

¿Echa éste igual que aquéllos?

Muy tiernas… la carga es la misma

¿Iguales?

La carga es la misma, nada más que aquéllos, aquél [el blanco], como era bajo, pues me lié yo a quitarle fruta, y a éste [el platanero], por abajo por donde alcanzaba pero por arriba, por arriba había ramas que tenían diez o 12 ciruelas. Y no son chicas, son ciruelitas buenas, son más chicos que aquél y, ¡jodío Dios!, ¿ahí arriba quién se va a subir ahí? Yo no voy a coger la escalera para liarme a… Y claro, las de arriba se quedaron muy chicas.

Manuel Escobar, Villamanrique

En este epígrafe sobre la productividad de los ciruelos hemos destacado aquellos criterios que son específicos a cada ciruelo y por los cuales la especie es importante para las gentes de Doñana. En particular el tamaño del fruto y los ciclos de maduración se destacan importantes como criterio para mantener una variedad. A pesar de las diferencias, los ciruelos desarrollan la flor al mismo tiempo: la antesis ocurre a finales de febrero y entrado marzo. La maduración del fruto progresa en los cuatro meses siguientes. Finalmente a mediados del mes de junio los frutos ya se vienen madurando, anticipándose el platanero en los primeros días de junio. El platanero es más precoz que el blanco, y a éste le sigue el bomba y por último el santa rosa, que es el más tardío, a pesar de que, como venimos diciendo, todos echen la flor al mismo tiempo.

En el momento en que un investigador busca referencias temporales para que los agricultores indiquen cuándo florecen los ciruelos, puede aparecer la tendencia a exigir fechas exactas. Pero las categorías temporales de los agricultores con los que hemos trabajado no son las mismas: su percepción del tiempo no es marcada por el calendario sino que sigue otros hitos como los ciclos agrícolas, las fiestas, tal y como hemos mencionado en el capítulo del damasco. Como investigadores, uno de nuestros esfuerzos residió en encontrar cuáles eran estas referencias en nuestro estudio en Doñana.

Los agricultores siempre dicen que las flores salen en primavera, y de poco sirve preguntar sobre la exactitud de la floración ajustada al mes de febrero o marzo o abril. Cuando a un agricultor preguntamos cuándo florece el ciruelo bomba también nos responde, de manera simple a la vez que irónica, que en primavera, sin atender a fechas más precisas. Nótese que, aunque los locales florecen todos acompasadamente, los foráneos como el siguiente sí marcan un desajuste notorio.

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Ciruelo platanero. Florecimiento. Villamanrique.

¿Cuándo suelen echar flores los ciruelos?

Pues en primavera, cuando lo echan todos…

¿Los dos [bomba y manga de fraile moderno] echan flores al mismo tiempo, el más temprano y el más tardío?

No, no, no, el más tardío lo echa más tarde, se llevan uno con el otro más de un mes. Se llevan un mes o más

El que tarda más es el manga de fraile, ¿no?

Claro, el fraile.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Este conocimiento sobre el ciruelo se adquiere a partir de la experiencia y el cuidado de estos frutales. Nos permitimos un descanso agronómico en este momento para apuntar uno de los principales mecanismos de transmisión del saber popular: la oralidad intergeneracional. Tenemos aquí un pequeño ejemplo de cómo esto ocurría en torno a los ciruelos y a uno de nuestros informantes, en un tiempo pasado cuando empezó a cultivar ciruelos locales y todavía desconocía su manejo. Una vez que se hizo con un ejemplar de la variedad de ciruelo platanero nos cuenta cómo un viejo le asesoró sobre cuándo este ciruelo maduraba, mientras trabajaban en el campo como temporeros, ocurriendo la acción en uno de los espacios donde se concentraba la sociabilidad en tiempos pasados y presentes, durante el desarrollo de la jornada laboral.

Pues todo el día con él [con el viejo], también allí en los olivos, y digo yo: «¡José!», y dice: «¡qué!», digo: «pasa una cosa, que el árbol aquél [ciruelo platanero], que ya tienen los otros flores y él también, ¿cómo dice usted que madura antes que los otros?». Dice: «ya lo verás tú».

Claro, usted vio que las flores estaban todas iguales…

Todas en el mismo tiempo…los mismos… como quien dice, en los mismos días, digo: «¿eso cómo puede ser?». Dice: «pues eso se te madura por lo menos veinte días antes [ciruelo platanero]. Por la parte más corta veinte días antes». Y yo miraba, casi todos los días venía a ver el árbol, a ver si había… y digo: «¡mira, pues ya se ve!».

Y usted venía a ver si había algún cambio o diferencia.

Digo yo: «a lo mejor es verdad; voy a mirar yo este». Aquél las ciruelas blancas [inmaduras] todavía, y éste veía yo ya algunas, que ya se estaban poniendo coloraditas, algunas, y digo: «pues mira, es verdad lo que dice el hombre».

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo. Frutos inmaduros. De izquierda a derecha: bomba, no local y santa rosa.

Cuando las ciruelas van dejando atrás el color verdoso que todas tienen antes de madurar y comienzan a adquirir los tonos particulares que señalan que se pueden comer, el platanero ya muestra antes que ninguno sus tonalidades rojizas que indican que la fruta está lista. De este modo, lo que el viejo transmitía a nuestro agricultor en una conversación se reproducía en la práctica. Mientras el resto de ciruelas todavía está verde, la platanera ya avanza delante, primera en madurar. Cuando las primeras ciruelas comienzan a madurar, el resto le sigue rápidamente, de modo que en pocos días todas han madurado, lo que parece no ocurre con el resto de variedades de la especie.

Manejo del suelo

En los huertos de Doñana podemos encontrar gran cantidad de frutales que reciben poca atención de sus cuidadores, demostrando que no la necesitan. Los huertos en zonas periurbanas suelen ser tierras bastante fértiles y la costumbre de hacer una agricultura propensa a los ciclos cerrados hace que el agroecosistema tenga suelos bastante saludables y equilibrados. Hay que tener en cuenta también que los frutales de los cercados reciben los cuidados en relación al manejo que los agricultores hacen del resto de la finca. Por un lado su fortaleza y adaptación disminuye las atenciones y los cuidados que necesitan pero, por otro, si abonan la finca abonan también los frutales, en este caso los ciruelos.

¿Y a la tierra le hace algo? ¿Le echa abono o algo?

No, yo ya a estos árboles no les echo nada…

Manuel Escobar, Villamanrique

La condición de frutales integrados en huertos donde se cultivan diversas especies entre ellas leguminosas como habas, guisantes, garbanzos, etc., lleva implícita la consiguiente incorporación indirecta del nitrógeno fijado por ellas. Para éstos y otros cultivos se tiene la costumbre, una vez al año, de estercolar la tierra o abonarla. Con estas prácticas se persigue, como ellos dicen, dar calor a la tierra, otra metáfora más del etnociencia aplicada al manejo de cultivos: como una madre con sus hijos, el agricultor realiza prácticas para ofrecer calor a las plantas.

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Haces de garbanzo. Manejo del suelo: rotación de cultivos de leguminosas y presencia de cubierta vegetal.

De todas formas, por lo general, el discurso no presta atención a estos aspectos. Eso sí, hay ciertas reglas, como la de no echar abono cerca de árboles jóvenes y hacerlo sólo sobre adultos.

Porque ya cuando está criado pues… pegado al árbol, no muy pegado. No vamos a echárselo en el troncón sino… Éste es el árbol y le echaba un poquito de abono por aquí así, por alrededor (...) Cuatro dedos o así (...) Le echaba un redondelito así por alrededor, un poquito así. Haciéndole así un poquito con la mano para que tuviese más calor y criara más.

Manuel Escobar, Villamanrique

En el contexto de la agricultura en la zona de estudio donde una agricultura tradicional se combina con la moderna, en los huertos hemos encontrado prácticas ecológicas como el estercolado, rotación de cultivos, presencia de cubierta vegetal, como también aplicación de abonos químicos de última generación. La cada vez menor presencia de ganadería que se contrarresta con la tradición de tener equinos, a veces para labrar la tierra y las más como complemento de ocio, permite que el estiércol sea relativamente accesible a muchos de los agricultores, aunque la comodidad y la percepción de tener menor coste está llevando a un mayor uso de fertilización industrial.

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Pila de estiércol almacenado en finca. Hinojos.

M.: El estiércol es lo mejor que se le echa a la tierra (...) De bestia es muy bueno. De vaca muy fresco es también muy bueno y de gallina, si lo rebuja usted, mejor que sólo. Rebujado con el de bestia, con el de vaca, con eso… pues buenísimo también. Lo que pasa es que es muy costoso y al ser muy costoso pues no compensa.

¿Y es más costoso ahora porque hay menos bestias por aquí, no?

M.: Bestias hay muy pocas. Vamos hay muchas en la Marisma, hay muchas… (...) Y el mejor abono que hay es ése que le he dicho a usted el 9-18-27, ése es el mejor de todos. Hay muy buenos abonos pero el ése es el mejor que hay. Porque tiene de todo, todo lo que le hace falta a la tierra lo tiene.

Manuel Orihuela, Almonte

Reproducción

En Doñana no se acostumbra a sembrar huesos de ciruelos ni a tomar plantones para que enraícen, sino que casi siempre reproduce el ciruelo a través del injerto, utilizando púas sobre patrón de almendro que serán las responsables de transmitir las características genéticas de la especie. Tan sólo un ejemplar de platanero de entre todos los ciruelos localizados no había sido injertado y mostraba su vigor produciendo gran número de chupones desde las raíces, como es normal en esta especie y hemos comprobado en otras zonas de estudio como la sierra de Huelva. En el trabajo que aquí presentamos fue una excepción, al igual que lo fue el encontrar un ciruelo bravío que un agricultor utilizaba en su finca de Villamanrique como patrón para sus ciruelos.

De todas formas, aunque la reproducción sexual garantiza la diversificación y el intercambio de material genético en la especie, el predominio de la reproducción por injertos en el ciruelo no parece obstaculizar su diversificación, pues a veces ocurren diferenciaciones espontáneas en las yemas de los injertos. Cuando se demuestra la estabilidad y constancia de caracteres, así como el hábito vegetativo con estas mutaciones gemarias se constituye una nueva variedad o cultivar (AGUSTÍ, 2004:182). Estos procesos pueden haber acontecido con los ciruelos estudiados.

Parece que la razón práctica que acompaña al consejo de propagar el ciruelo por injerto antes que por semilla es la percepción de la anticipada senescencia de los ciruelos en comparación con otros frutales como el almendro.

(...) Y digo yo: «mira dónde hay un árbol, aquí metido en la estacada [en un olivar]», un árbol de ciruelas de esas gordas, y se lo dije al que estaba allí. Habíamos tres, y digo: «yo voy a coger dos o tres ciruelas de éstas…» Y dice: «si eso está verde». Digo: « déjalo que esté verde, yo me las voy a llevar para esto, para poner el hueso…»

Ah, que cogió el hueso de la ciruela, no cogió una rama ni nada.

Yo cogí una ciruela y al otro día no quise decir nada al más viejo… porque ya era un hombre de edad, tenía ya 80 años… Y estaba allí con nosotros y digo, se llamaba Francisco, nosotros le decíamos Cisco: «Cisco, le voy a hacer a usted una pregunta, ¿usted me ha visto ir para allá para el árbol?» Y dice: «sí, y te vi que venías pelando una ciruela de ésas». Y digo: «sí, pero era para coger el hueso, para ponerlo en el cercado». Y dice: «eso no te vale. Eso te va a durar dos o tres años… cuando empiece a echar frutas, en dos o tres años se te seca». Y digo: «¿entonces qué es lo que tengo que hacer?». Y dice: «eso busca almendras agrias y lo pones en una almáciga; cuando ya esté bueno que esté siquiera como esto, que ya se puede injertar, como esto, gordo, pues lo injertas en el árbol que sea de hueso, no vayas a meter otra clase de árboles, sino de hueso». Y claro, yo le hice caso a ese hombre… y aquí están. Pero aprendí preguntando a un viejo.

Manuel Escobar, Villamanrique

Si el uso del almendro es generalizado como portainjerto, también hemos encontrado ciruelos no bravíos que han sido utilizados para servir de patrón de otras variedades de ciruelos. Unas veces los ciruelos se injertaban para corregir los frutos, que no se percibían de tamaños adecuados, otras veces para corregir el sabor, cuando aparecen variedades amargas. Incluso cuando se ve que un árbol está muriendo (cuando se abicha), se le toman púas para seguir conservando la variedad.

Hombre, si se abicha, que el troncón éste no esté todavía muy malo, pues se corta y mete otra espiga ahí, y ya si el árbol se va echando a perder ya éste va criando y se queda el árbol colmado otra vez.

Manuel Escobar, Villamanrique

A través de la fusión entre variedades y la experimentación se dinamiza el proceso de propagación y diversificación de las especies.

Aquél lo tengo que injertar, que son unas ciruelillas negras, de estas que las pusieron de por ahí y son así, eso… las cogí yo. Allí en mi casa tiene mi sobrina algunas y dice: «¡yo no he visto ciruelas más fuertes, como silvestre!» El árbol silvestre que es, más fuerte y más duro… Y digo: «pues entonces este año lo injerto…» (...) Y a lo mejor le meto una espiga de ése o de éste… una espiguilla de estas de hueso porque el nactarino ese y aquel chiquinino, que está muy malillo, ya es menester limpiarlo…

Manuel Escobar, Villamanrique

En este caso, siendo una variedad de ciruelo agrio, de la que no hemos podido obtener información porque se perdió el ejemplar, el agricultor tenía más seguridad de que el injerto iba a merecer la pena. En un ciruelo silvestre, como él decía, tenía la intención de injertar ciruelas pero también diferentes variedades de melocotones que podía perder. En Hinojos también hemos visto cómo el ciruelo podía servir de patrón para damascos. Cuando el ciruelo se injerta en estas especies, como pasa en la misma variedad de ciruelo, se siente la amenaza de que el frutal va a durar menos que el almendro. Éste es también el caso de los melocotones, conocidos también como árboles de salud frágil pero que también pueden ser injertados en ciruelo, como ocurre con uno de los ejemplares del ciruelo bomba de Villamanrique que esta injertado sobre una rama de melocotonero no local envejecida, la cual había dejado de producir según el agricultor.

Que le he cortado una pata, que ya los melocotones duran muy poco, se parten muchas ramas y es muy viejo. Y le he injertado una pata en naciruelo.

¿Lo ha injertado en ciruelo?

En naciruelo, éste, y mira cómo está ya, deseando de abrir… Y éste es el ciruelo que se va a poner, es del año pasado, las redondas gordas esas [ciruelas bomba], esas redondas gordas.

Ésas ya se cogieron muy pocas

Le metí dos espigas y las dos que salieron. Sí, esto es del año pasado… injertado del año pasado.

¿Un año nada más tiene?

Un año hará para marzo, que es cuando se puede injertar.

Diego Rodríguez, Villamanrique

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Ciruelo bomba injertado en rama de melocotonero sobre pie de almendro. Febrero. Villamanrique.

Todos los agricultores entonces han conseguido e intercambiado material genético a través de espigas o púas que posteriormente se han injertado sobre otros ciruelos, algún melocotón o damasco y, en la mayoría de los casos, sobre patrones francos de almendro.

La técnica de injerto más frecuente para el ciruelo es el injerto en madera o hendidura utilizando una o dos púas con yemas. También se practica el injerto en corteza, pero no lo hemos visto en yema en esta especie en Doñana. El vidueño o receptor hemos dicho suele ser un almendro, por el que los agricultores sienten gran predilección, sobre todo la variedad local de almendro agrio, como patrón que da garantía, longevidad y resistencia. También algunos lo han injertado en ciruelo agrio o incluso en melocotón, como hemos visto, pero esto puede considerarse excepcional ya que la mayoría de agricultores afirma que el ciruelo es mucho más resistente que el melocotón. Con el propósito de la propagación por injerto, no importando el tiempo que hay que esperar, los agricultores plantan almendros agrios bien desde plántulas ya crecidas o incluso sembrando semillas. Como se verá en el capítulo del almendro, no es lo más común, y se evitaba así el periodo de juvenilidad de la planta. Como en el Entorno de Doñana hay gran cantidad de almendros silvestres, es costumbre entre nuestros informantes dar un paseo por los caminos y veredas que se esparcen por los alrededores del Coto y las fincas de la zona buscando plantones de almendros silvestres para utilizarlos en sus huertos.

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Ciruelo santa rosa injertado en pie de almendro agrio. Obsérvese el mayor desarrollo del ciruelo.

Los informantes han aconsejado siempre practicar los injertos en los ciruelos, ya sean en madera o en corteza en febrero o marzo y nunca después de abril. Algunos aconsejan al final de verano y otoño, pero no es práctica frecuente.

¿Cuándo es el tiempo para injertar un ciruelo en almendro?

Pues en marzo.

En marzo. Cuando la primavera… que no hay tanto frío ¿no?

Eso es… pero para injertar ahora, este año no sale ¿comprendes? Este año no sale ya [en octubre]. El año que viene sale bien. Se ha perdido, ahora lo he vuelto a injertar ahí. Ya hace unos pocos de días y está verde, este año no sale, pero el año que viene sí sale.

Diego Rodríguez, Villamanrique

La información así expuesta puede servir como regla general para la elección del patrón de injertos de ciruelos ya sea en almendro, en melocotón o en ciruelo agrio, así como la mejor fecha para injertarlo, en marzo. Más información sobre la técnica del injerto y otras particularidades puede encontrarse en el capítulo que nos precede, el del damasco.

Riego

En la introducción general a este documento sobre la agricultura tradicional en Doñana hablábamos de cómo se documentaba a mediados del XIX la existencia de frutales, entre ellos ciruelos, en régimen de secano, tal y como se hacía agricultura entonces. Los frutales autóctonos han desarrollado una buena adaptación a esta circunstancia, como se describe en los capítulos específicos para cada frutal. La disminución del recurso hídrico por la presencia de la agricultura moderna en la zona puede fácilmente afectar a la necesidad de agua de estos frutales, pero en la actualidad todavía presentan buen rendimiento en secano.

Empleando una fantástica metáfora donde el árbol resulta el dominador sobre el suelo, sobre la tierra, uno de los agricultores nos describía como él entendía el riego de los ciruelos y explicaba que cuando ya los árboles se hacen adultos, se hacen más independientes del agua.

¿Y a las calores, son sensibles o son buenos [los ciruelos]? En el verano, si pasa calor ¿hay que echarle mucha agua…? ¿Usted no le echa agua ni nada, no?

Yo no le echo agua. Yo no le he echado agua. Yo cuando están así, ya no los riegos más. Tú no ves aquellos chiquitillos, hasta que se apoderan de la tierra pues sí, pero ya cuando están así no los riego más.

Total, éstos que tiene aquí no los riega ni nada.

Ya no los riego.

Hombre, le caerá agüilla de lo que va… porque si aquí planta otras cosas sí va regando, ¿no?

Hombre, éste árbol mismo, hubiera aprovechado…

Que eso tiene las raíces por aquí, ¿no?

Sí, ¿tú no ves…? De aquí a aquí tenía yo un caño hecho y un día sí y otro no, le llenaba el caño de aquí a la esquina aquella [para regar la huerta].

¿Qué tenía aquí, las papas? ¿O los tomates?

No, aquí tenía dos hileras de tomates, que sobraron tomateras ahí y digo: «¿qué hago? Pues las pongo aquí. Que no las quieren para casa, pues se las echo a las gallinas o a los becerros». Y la raíz pues viene aquí.

Claro, entonces bebe.

Come de aquí. Ésos no. Ésos [los tres ciruelos principales que están más alejados, injertados en almendro] no cogen humedad ninguna. Ésos cuando llueve… (...) Ahí eso todo es de secano, y éstos son de secano también.

Manuel Escobar, Villamanrique

En el capítulo del almendro, especie que como vemos suele servir de patrón para el ciruelo, se desarrollan la información recogida sobre sus necesidades hídricas específicas, pero el ciruelo también merece atención aun injertado, pues el intercambio genético puede establecer variaciones en el comportamiento frente al recurso agua y, por ser árboles que producen grandes frutos y con una alta productividad, las necesidades de agua aumentarán forzosamente, sobre todo en los meses de julio y agosto, cuando concurren muchos factores: presencia de frutos, máximas temperaturas, máxima utilización del recurso por la agricultura, etc. Como el resto de frutales, al estar insertos en sistemas diversificados de hortícolas, sementeras y otros frutales como olivos y naranjos que sí están regadío, cuando se percibe necesario reciben el complemento hídrico del riego del resto de cultivos.

Cuando están cargados de ciruelas les pongo los dos goteros y reciben a la par de los olivos, todos los días unas horitas. Pero los tengo retiraditos… Pero, en verdad, cuando le quito la fruta a lo mejor le quito un gotero, para que no tenga dos. Para qué tanta agua. A veces tanta agua es malo también, a veces tanta agua es malo para los árboles. Y cuando son chiquititos, más. No se debe regar, el almendro por lo menos no se debe regar tanto, como algunos que los tienen siempre arriado de agua y eso ni cría ni mierda ni se desarrolla ni nada.

Diego Rodríguez, Villamanrique

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Ciruelo blanco, santa rosa y platanero en finca de secano. Villamanrique.

Poda

La poda en los ciruelos locales que hemos presentado aquí se hace siguiendo criterios compartidos con el resto de frutales. Escondida tras preceptos estéticos transmitidos de generación en generación, la lógica que guía la técnica de poda de formación, rejuvenecimiento y fructificación del ciruelo es difícil de alcanzar, de manera que sólo aquellos con experiencia tienen la seguridad de estar haciendo lo adecuado. Durante nuestro trabajo de campo hemos observado y escuchado cómo la aparentemente simple descripción de la forma final de la copa de los árboles, así como algunas referencias a las ramas que conviene ir cortando en cada temporada, son las únicas descripciones en los discursos, aunque detrás existan lógicas que relacionen estas prácticas con condiciones de luminosidad y receptividad solar así como una estructura de las ramas primarias y secundarias que optimice la producción de ciruelas. “Una buena poda”, es lo único que dicen a veces.

La dominancia de árboles injertados permite un mayor control de la estructura del árbol como la cruz y las ramas primarias, pero la gran capacidad para producir madera o “echar metidas” exige una gran atención en la poda de formación, con lo que habrá que acompañar este proceso desde el inicio, controlando que el árbol no suba demasiado.

Total, que no le ha hecho la cruz antes porque estaba esperando que la cruz estuviese más para arriba, ¿no?

Ajá, después la desmocho por los medios… y ancha el árbol. Después se lía a echar metidas ahí, como aquel árbol, metiditas nuevas, y se queda el árbol más bajito y más abierto. Y no se va para arriba para arriba. Porque si se va para arriba después no se puede poner ni una escalera en un árbol así, porque se cae…

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo platanero. Poda de formación. Cruz próxima al suelo. Villamanrique.

La cruz o cabeza en Doñana es costumbre realizarla a una altura de aproximadamente medio metro. Una de las principales razones son motivos estéticos y tradición, pero no hay que olvidar la repercusión sobre la práctica de esta acción: en un futuro la cruz será punto de apoyo para lograr subir a partes más altas e inaccesibles para recolectar la fruta. Incluso para el raleo harán un ligero ejercicio de escalada en el que la cruz sirve de apoyo indispensable.

¿Y la cruz se la vas a hacer dónde?

La cruz se la tendré que hacer por lo menos por aquí [a un metro], que se pueda uno subir en él. Le corto esta rama, si no, estas dos que están ahí más para arriba. Le corto las dos por ahí y le dejo esos coletes ahí [deja dos ramos que serán dos futuras ramas primarias]. Y ya empieza a echar metidas eso… En el corte. Y para arriba pues va metiendo, va echando las metidas… Así para afuera y ya el árbol se forma ahí… va anchando así.

¿Eso dónde lo ha aprendido usted?¿ También con los viejos?

¡Pues con quién lo voy a aprender! A mi me ha gustado preguntar. Yo cuando me iba a trabajar con uno y no he estado seguro en lo que estoy haciendo, le pregunto al que sea… al más viejo, al que ha sabido más que yo, no es como ahora mismo que le dices tú a uno: esto, y dice: sí, hombre, tú vas a saber más que toda la gente! Yo no sé más que toda la gente, yo lo he aprendido porque lo he aprendido de otras personas más viejas que yo…

Tiene usted toda la razón, Manuel

Claro, porque cómo va a aprender, como va a saber un tío que tenga 17 ó 18 años como uno que tiene setenta y tantos años trabajando en los árboles, pues no puede saber lo que se le puede hacer a un árbol, porque yo no lo sabía, y tuve que ir a perder cuatro ratos… porque no tenía trabajo y me iba con ese hombre para que me enseñara, y yo he sido un hombre que yo he estado trabajando con lo que sea y he sido muy preguntón, como decía… no preguntes más… Dios, no preguntes más, si no lo sé, ¿y si corto una rama malamente? Y me va usted a decir: míralo, no has preguntado y has cortado la rama que no es…

Manuel Escobar, Villamanrique

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Ciruelo platanero. Interior del árbol. Poda ligera. Villamanrique.

La poda que más peso tiene en el ciruelo es la de fructificación, moldeando la estructura del árbol de manera adecuada para obtener unos frutos óptimos, quitando las ramas que “estén mal puestas”.

Se le quitan las ramas de adentro y las metías que sean muy grandes, para que eche como ésta, que está cortada de antes y echa metías nuevas. En las metías nuevas echa la fruta, por eso le corto muchas ramas, para que eche metías nuevas y así tiene las ciruelas mejor y se coge mejor. El forraje no conviene. Le quito todas las metidas de adentro, le dejo solo de afuera, para que eche las frutas buenas. En vez de dos cubos con que eche un cubo tiene bastante, por lo menos tienes las frutas en condiciones.

Manuel Escobar, Villamanrique

Según los agricultores, el ciruelo tiene tendencia a producir yemas florales en ramos cortos, dardos y brindillas, en lo menudito, como describen los informantes, con lo que la poda se orienta a mantener este tipo de ramas secundarias y ramos hasta que sean productivos, favoreciendo la presencia de brotes nuevos, esas mijitas a las que el agricultor refiere en la siguiente cita, que no superen los dos años de edad y no se lignifiquen. Muchas de ellas, además, son el objetivo principal de la poda, pues hay que rejuvenecerlas a menudo ya que envejecen pronto. El ciruelo tiende a producir mucho follaje por lo que hay que aliviarlas favoreciendo los brotes de los ramos primarios, donde las ciruelas tienen mayores probabilidades de alcanzar mejor tamaño, pues son zonas muy bien irrigadas.

Pues a lo mejor este año es capaz de echar algunas. Estas mijitas. Lo gordo no, que es hoja más que todo, hoja. Pero estas mijitas son las que agarran más en las ciruelas... echa flores y echa… Que es de un pie que tenía el muchacho éste [el vecino].

Diego Rodríguez, Villamanrique

La poda de producción o fructificación suele hacerse en otoño, en el período de latencia del frutal, cuando ha terminado la recolección, aunque no es raro ver cómo los agricultores van quitando, durante la primavera y el verano, aquellas varetas o brindillas que creen innecesarias y puedan estar robando energía al árbol y los frutos, en lo que se denomina poda de junio.

¿Y cuándo se hace la poda?

Cuando pierda la hoja. Más para adelante, que es cuando se lía a tirar las hojas. Que pierda toda la hoja, lo mismo que la parra. Como dice el refrán “vas a durar menos que la caída de la parra”. Pues eso es exactamente igual.

¿Y todos los años se le poda?

Todos.

¿Y una vez que le das un repaso ahora ya no hay que tocarle en todo el año?

En todo el año. Se despunta toda, se le corta la que esté mal puesta, la que esté metida adentro. Cualquier rama que esté mal puesta. Y se corta y se deja allí. Ya cuando llega su tiempo se lía a meter, se lía a florecerse y a criar otra vez varetas para arriba.

Diego Rodríguez, Villamanrique

El vigor del platanero y el blanco demanda mayor poda para así limitar el crecimiento vertical y el follaje, lo que no es tan acusando en las variedades santa rosa y bomba. Suele buscarse la forma de copa. La eliminación de ramas secas suele hacerse según lo demande el árbol, de manera que cada año se suele dar un repaso, en los meses de noviembre a enero. Esta poda de rejuvenecimiento junto con la poda de formación y fructificación se hacen al mismo tiempo, cuando entran los fríos, cuando la madera está más seca y los cortes afectan menos al árbol.

¿Y una vez que empieza a crecer el ciruelo, qué tipo de poda hay que hacerle, qué limpia?

Pues eso hay que despuntarlo todo, si no, llegaría a las nubes todo. Hay que cortarle toda la vara porque la vara no echa ciruelas. Las varas de un año no echan ciruelas, la echan de dos, como la de los olivos, igual, exactamente igual. Pero hay que cortarle todas las varas ésas, hay que despuntarlas [brotes nuevos del interior del árbol que son exclusivamente de crecimiento]. Y las ciruelas donde echa es en lo menudo, en lo menudito. Lo mismo que los albaricoques, que hay que despuntarlo todo y quitarle todas las varas ésas. Y la mijita menuda que hay más para debajo de la vara, ahí es donde echa las ciruelas. Las varas son la fuerza que tiene, que coge fuerza. Tiene agua y tiene abono y tiene de todo y coge fuerza y se va a las nubes. Pero eso hay que despuntarlo.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Cuando el ciruelo completa su ciclo vital y envejece ocurre el fenómeno del careteo, en jerga local, que refiere al progresivo secado y agrietamiento de las ramas principales, con la consecuente pérdida de productividad. La técnica de poda para subsanar estos problemas se denomina poda de regeneración. Antes de dar por perdido el ejemplar suelen seccionarse estas ramas, pues ya no sirven, y se impele al árbol a producir ramas en otras zonas menos afectadas para que así “tengan más fuerza”. Antes de que un árbol se dé por muerto hemos comentado cómo se recuperaban púas para injertarlos en otros árboles y seguir así manteniendo la variedad.

Para tener de las dos clases, claro. Como ahora he injertado de las redondas ésas [bomba], he injertado el nuevo ése que hay ahí, que está en el albérchigo ése, injertado en melocotón.

¿Y éste es otro tipo de ciruelo?

El mismo, de las ciruelas redondas ésas [ciruelas bomba], el mismo.

Pero lo has injertado en melocotón.

Lo he injertado en melocotón, porque al melocotón, la puñetera madre, pues estaba en almendro y está así de gordo, más saludable… Pero el melocotón se abicha mucho, o sea, se caretea mucho con el sol, que no tiene duración, que ya lo tienes que quitar de en medio. Porque se caretean todos, se caen las ramas, podridas ya. Y he injertado el cacho ése por darle a la vara más…

Diego Rodríguez, Villamanrique

Otra de las prácticas dentro del manejo de los ciruelos en Doñana, relacionada con la poda y la consecución de frutos de tamaño deseado, es el clareo, práctica que consiste en eliminar manualmente los frutos del árbol dejando sólo la densidad deseada. El clareo es denominado por la agronomía con el nombre de raleo. Childers lo describe de la siguiente forma: eliminación de algunas flores y/o frutos de la planta según los siguientes objetivos: aumentar el rendimiento anual del fruto de calidad; mejorar el tamaño de la fruta; mejorar el color; aumentar su calidad para consumo… (CHILDERS, 1982).

Para realizar de manera óptima el clareo de frutos en las partes más distantes del ciruelo se suele utilizar una escalera. El raleo es una técnica que demanda inversión de tiempo, dinero (si lo ejecuta un tercero) y riesgo al desarrollar la actividad en sí. Por esto muchos de los agricultores, habida cuenta de su avanzada edad, ya no lo practican. Esta técnica, más presente en la agricultura tradicional que en la moderna, está desapareciendo por el elevado gasto que conlleva. En los frutales autóctonos también se está dejando de hacer, porque es arriesgado y se percibe que no hay compensación (son para el avío de casa), haciéndose un breve clareo de frutos y sólo en partes accesibles desde el suelo.

Además de clareo, el raleo es también denominado castrado, que también puede hacerse en flores. Es de notar la metáfora sexual aplicada a la naturaleza, donde a la acción de quitarle sus flores o sus frutos, órganos sexuales, se aplica la misma palabra que se usa en el lenguaje para referir a la acción de capar, donde se extirpan o inutilizan los órganos genitales. A pesar de la edad, como los ciruelos son muy productivos, todavía hay quien lo hace para mejorar el tamaño de las ciruelas (puede verse más información sobre el castrado en otros frutales como el peral).

Eso hay que castrarlos. Y los melocotones igual, mientras menos le dejas, más gordas son.

¿Y cómo los castras?

Pues subido en la escalera quitándolos.

¿Con la mano?

Con la mano

¿Le quitas qué, la flor? ¿O cuándo ya ves el fruto que ha engordado un poquito, no?

Cuando el fruto está que va rompiendo, que ha roto ya de la flor, que ha perdido la hoja y ya hay algunos gorditos. Eso se le deja a lo mejor cada cuarta uno, o por ahí. Porque como no lo dejes quién va a…

Tú ves una rama grande, ¿y le vas dejando tres o cuatro en cada rama?

Tres o cuatro, según la rama, como las ramas son del año también, que son las que echan las frutas y las que se podan… Lo viejo hay que quitarlo. Los nuevos hay que dejarlos y los viejos se quitan. Y esos nuevos ahora, pues según, si es una vara así de larga, pues se le dejan cinco, o cuatro. Cinco o seis, pero si es una ramita más corta pues se le dejan dos o tres. Se le va clareando, si no, ¿quién iba a poder con lo que le cuaja algunas veces a éste?

¿Y cuándo, lo de castrarlos, en qué tiempo se hace?

Castrarlos pues… cuando le sale la flor en primavera, pues a los 14 ó 15 días ya se le puede castrar, porque ya se lía a tirar la flor, y empieza a engordar ya [la ciruela].

Diego Rodríguez, Villamanrique

Hay veces que son los propios fenómenos atmosféricos, como las heladas, los que se encargan de hacer este raleo en los ciruelos.

Hay años que a lo mejor viene un mal tiempo y te lo dejan muy claros y a lo mejor no los tienes que tocar, pero eso hay que castrarlos, eso hay que castrarlos.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Por último nos detenemos brevemente en otro aspecto que relaciona la poda con el marco de plantación. Según la densidad de plantación de los frutales habrá que prestar más atención a la poda realizada, para que los árboles no entren en conflicto unos con otros y para que las labores y el manejo se pueda realizar sin complicaciones. En Doñana la mayoría de mantenedores de frutales locales, que son pequeños propietarios, no tienen tractor propio y cuando hace falta maquinaria para alguna labor la alquilan a algún amigo o vecino. Pero esto tiene un inconveniente que afortunadamente siempre se queda en anécdota. Varias son las historias que narran cómo los tractoristas que vienen a trabajar en los predios por unas pocas horas, al no conocer bien los cultivos que hay, suelen tener pequeños accidentes en los que tropiezan y desgajan algunas ramas de los frutales e incluso los arrancan cuando son nuevos y recién plantados. Por ello en el relato de los agricultores, cuando hablan sobre la poda, siempre habrá espacio para estas anécdotas donde se pone énfasis en realizar la poda con atención al espacio que vaya a necesitar el tractor.

Plagas y enfermedades

Las plagas más frecuentes en el ciruelo local en Doñana son la mosca de la fruta y los áfidos. Los informantes han descrito la existencia de ciruelos colonizados por lo que ellos llaman el piojillo o la mangla, que son pulgones que también atacan a los almendros y demás frutales, produciendo el árbol una resina o pringue oscura muy desagradable para los agricultores.

¿Y los ciruelos hay que curarlos también o no?

Si tiene piojillos, sí. Unos piojos que hay que le salen a la hoja, que son muy malos de matarlos, que no son todos los venenos los que se lo llevan. Pero hay que curarlos porque le sale esa mangla, esa piojada que le sale, que a lo mejor hasta pringue. Y si lo dejas con eso, pues fíjate, no aguanta nada, eso hay que curarlo como todas las cosas.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Contra la mosca de la fruta también están siempre muy alerta, pues se siente muy atraída por los azúcares de las ciruelas, y cuando ataca, complementando las trampas tradicionales, aplican insecticidas pero poniendo mucha atención, conscientes de sus riesgos. Con estas técnicas modernas también experimentan desarrollando modos alternativos de aplicación, como la estrategia siguiente de aplicar insecticida mezclado con azúcar rociándolo en los árboles cercanos cuyos frutos todavía no sean de temporada, desviando la atención de la mosca.

La mosca es muy jodida. La mosca en todos los árboles hay que temerle. Lo mismo al melocotón que al albérchigo ese tardío. Todo, todo. La pera se la cargan en un rato. Hay que tener productos para curarlo, de cuando en cuando. Aunque no se le eche al árbol. Por ejemplo yo te quiero decir, el peral ése ya lo está picando la mosca. Pues antes de picarlo la mosca, curo y le doy al naranjo, con la máquina, un poquillo. A un olivo que esté al lado, a otra cosa que esté al lado, ¿sabes? La mosca va a lo que cura uno porque como eso trae como una meloja, que la llama a la mosca como la azúcar llama a la mosca…

Lo que me quiero referir es que si está cargado de ciruelas, o de damascos, o de peras, o de lo que sea, y no lo puedes curar porque se te adelante la fruta, curas los de los lados. Los árboles de los lados. Y allí va la mosca a probar aquello porque, claro, hay veces que… no le vas a echar a un damasco, un ciruelo, una cosa que esté ya casi bueno para comértelo, ¿comprendes? Y por eso se curan los árboles de los lados, y ahí va la mosca a probarlo.

Pero la mosca aburre a cualquiera, la mosca es muy jodida, yo voy a tener que comprar el veneno ése que hay, que tenía un poquito este año y se lo he rebujado ahí a la maquina que he echado con azúcar y todo. Es como una meloja, y un producto fuerte que hay. Voy a tener que comprar un producto que hay expresamente para eso, para la mosca, porque es que la mosca le entra a todo. Hay que ver la mosquita esa, la porquería que está, que es como una liendre, con unas alitas que tiene para arriba, y vaya el puyón que tiene. Hay que ver lo que le hace a una naranja que le mete el puyón y ya está lista. Por eso te digo que es preferible de gastarse… es carillo, los venenos esos son carillos, pero que es menester liarse y no poner botes ni mierda… los botes cogen mucha mosca pero no es lo mismo que los venenos….

Diego Rodríguez, Villamanrique

En ocasiones los informantes nos han relatado sus quejas no hacia insectos sino hacia los mirlos, tan abundantes en la zona, para lo que los agricultores recurren a la práctica ya referida en varias ocasiones de colgar discos compactos de las ramas de estos árboles. Desgraciadamente parece que esta práctica no surte mucho efecto porque, según dicen, los pájaros acaban acostumbrándose. Sin embargo, los cd´s siguen adornando los árboles de los predios como si de árboles de navidad se tratase.

Por otro lado, los ciruelos de Doñana parecen ser bastante resistentes a las enfermedades. Por lo general el ciruelo suele tener una vida larga que además se prolonga gracias a estar injertado sobre almendro y al manejo de rejuvenecimiento que recibe, cortando ramas viejas e injertando nuevas. Enfermedades que pudiesen acceder al árbol por su sistema radicular se salvan con los patrones de almendro y, en la parte aérea, no hemos documentado ninguna enfermedad en particular, salvando la natural senescencia del árbol. Entonces la madera se agrieta y se debilita, y se pueden producir cicatrices que son colonizadas por microorganismos que infectan los tejidos. Aparte de esta circunstancia, el ciruelo es percibido como uno de los frutales más fuertes y resistentes en la zona y nadie apunta ninguna enfermedad.

¿Los frutales así como el ciruelo también tienen la madera endeble?

No, el ciruelo la tiene más fuerte. Y el damasco también es más fuerte todavía. Pero el melocotón no, el melocotón tiene una madera muy endeble.

Antonio Pérez, Almonte

Hay un agricultor que sin embargo nos comentaba, sin poder obtener muchos más detalles, de cómo conocía una enfermedad del ciruelo cuyos síntomas eran el desecamiento de estructuras secundarias (ramas superiores) acompañado de decoloración y abarquillamiento de las hojas, que a veces era solucionado decapitando las ramas en partes más bajas de las que estaban enfermas, como si el padecimiento se originase desde partes terminales hacia tejidos centrales. En los ciruelos localizados no hemos podido constatar nada parecido.

A pesar de las características innatas de los ciruelos, la extensión del uso de plaguicidas y pesticidas ha provocado resistencias y ha cambiado el comportamiento de la fauna asociada a los ciruelos. La costumbre, pues así eran las condiciones, de no tratar los ciruelos en el pasado, de no curarlos, se está viendo amenazada por la nueva situación.

¿Y antiguamente qué es lo que se hacía, por ejemplo en los ciruelos?

Yo lo que digo es que nunca ha habido tantas moscas y tantas cosas como hay ahora. Yo no me acuerdo de eso, de tantas cosas. Porque en un cercadillo que yo tenía ahí arriba tenía yo de todas clases de árboles, de todo. Y no se curaba nada. No se curaban ni sandías, ni melones ni nada. Y ahora hay que curarlo todo. Antes sembraba papas mi padre, y yo, porque aquello era un terreno muy fresco, y no se curaba. Y ahora si no las curas se pierden. Al rato hay que liarse con el cobre, que hay especial para eso. Después viene el escarabajo, ¡me cago en la leche que mamó el demonio!

Total, que antiguamente había muchos menos bichos que ahora. ¿Y a qué se debe el cambio entonces?

Pues yo qué sé. Dice esa gente que eso lo traen los productos. Y es muy fácil que pueda ser, que la química lo traiga todo. Yo no sé lo que se refiere que antes no había tantas enfermedades como hay ahora en los árboles y en todas las cosas. Tanta mosca y tantas cosas, tanta mangla y tanto bicho. Y tanto piojo, tanto de todo. Los almendros pues se ponen que da miedo verlos, de mangla de esa pringosa. Y todo hoy hay que curarlo y, si no, no hay nada que hacer.

Diego Rodríguez, Villamanrique

En torno a las enfermedades se visibiliza la percepción de cercanía con el mundo de las plantas que es dominante en Doñana. Las plantas enferman, como los humanos, y por tanto también hay que curarlas. En una actitud de socialización de lo natural, de nuevo, los agricultores nunca emplean terminología técnica propia del manejo de los fitosanitarios, como sí ocurre en los nuevos agricultores. En Doñana, los viejos todavía sienten la proximidad con sus cultivos y su relación con ellos es tan estrecha que son personificados: sufren, enferman, se ponen tristonas y, a veces, necesitan que se les cure. Pero la cura antes no se precisaba, porque había mayor equilibrio entre el hábitat y la planta. Hoy en día cada vez va siendo más necesaria. Los efectos del uso de agroquímicos en toda la zona obligan a los pequeños agricultores, que tienen unos pocos frutales, a utilizar también estos productos tóxicos ya que los agroecosistemas se han descompensado paulatinamente y son menos autónomos frente a plagas.

Recolección, uso y aprovechamiento

Al hablar de la productividad y el tiempo de maduración de los ciruelos, en el epígrafe Ecología y datos productivos, hemos mencionado cómo las ciruelas suelen madurar progresivamente en el árbol, permitiendo al agricultor hacer una recolección escalonada de los frutos, pero se señalaba cómo en el platanero ocurría algo singular: la mayoría de frutas maduran de golpe, todas a la vez, lo que hacía cambiar un poco la estrategia de recolección de este frutal. De esta manera se forzaba lo que hemos denominado economía del regalo y el agricultor que tenía este platanero animaba a sus amigos a coger ciruelas de este árbol, porque su alta productividad combinada con su acelerada maduración desbordaba el consumo familiar.

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Ciruelo platanero. Fruto recién recolectado. Mediados junio. Villamanrique.

A finales de agosto las ciruelas han de estar recolectadas, de manera que las que no se han cogido comenzarán a caerse o incluso envejecer en el árbol. Una vez completado su ciclo, los ciruelos locales, árboles de hoja caduca, entregan sus hojas al viento otoñal señalando así el comienzo del periodo de latencia, dejando que la parte aérea de los ciruelos descanse. Suele ocurrir allá por septiembre y en octubre están completamente desnudos de hojas.

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Ciruela blanca. Frutos recolectados y almacenados en casa. Mediados de Junio. Villamanrique.

Las ciruelas son unas de las frutas más dulces de entre las que hemos trabajado y que más atraen el paladar de sus consumidores. Recordamos cómo el platanero sobresalía entre ellas por su sabor como a plátano. Por lo general los frutos se consumen en fresco pero hemos tenido constancia de cómo tradicionalmente las ciruelas pasas eran una forma de conservar estos frutos y apreciar su sabor de otra manera, con otra textura. En la actualidad hay pocos que todavía continúen con esta tradición que, como otras tantas ligadas a la gastronomía tradicional, estaba en manos de las mujeres de la casa. Otros más perezosos aprovechan para comer las ciruelas pasas que quedan en los árboles.

No hay ninguna referencia que señale que una variedad de ciruela sea mejor para pasar que las otras, pero normalmente son aquellas de menor tamaño y mayor dulzor las que se aprovechan para esta transformación, como hemos aprendido de otras experiencias en otras zonas de Huelva.

Para pasar las ciruelas, éstas se dejaban a secar al sol (se pasaban) sobre una estructura aislante o pasil, hecho de algún material que ofreciera condiciones de reducida humedad y frescura, improvisado la mayor de las veces con recursos del campo167167Para mayor detalle sobre la construcción de pasiles, ver el capítulo de la higuera.. En la base se colocaban estructuras más gruesas como matojos, o monte, y encima se ponía un lecho suave (para no dañar el fruto) con tallos de forrajeras como centeno y otros pastos. Conseguida esta estructura fresca y aislante de la humedad, se extendían las ciruelas y se dejaban secar. Algunas veces se añadía a esto una transformación en casa, que además optimizaba su estado de conservación. Como se describe en la cita siguiente, se utilizaba una mezcla de lejía de ceniza, que es agua de ceniza hervida en una olla, y aceite de oliva, donde se empapaba la ciruela pasa.

M.J.: Y las hacía yo pasas, me hacía mi padre un pasil con pasto y monte.

¿Se pone encima del pasto?

M.J.: Exactamente, se ponía primero el monte, encima se ponía un poquito de pasto fino para que no se pegara como lo de la cebada, el trigo…, se segaba largo y se ponía así y ahora la pasa la hacía yo. Cogía un poco de lejía de ceniza, ceniza de la candela, y un poco de aceite de oliva (...) Cosa que no hace daño, una cosa extraordinaria y la iba poniendo y a los tres días, la ciruela pasada.

M.: No se pudre ni nada

M.J.: Por eso trae ese brillito que tú coges la ciruela pasada y trae ese brillito negro. Ése es el aceite. (María Josefa Villarán y Manuel Orihuela).

Como lejía era un término que podía inducir al investigador no familiarizado a equivocación, los informantes detallaron todavía más el proceso, donde aparece un nuevo elemento que es la clarilla o solución restante de la decantación por gravedad de la ceniza hervida.

La ceniza se coge y se hierve en un cacharro. (...) Coges la ceniza de la candela, en una lumbre que tú tengas o en una copa, o en cualquier cosa y coges esa ceniza clarita y la echas en un cacharro. Ahora te lías [a remover] y le echas agua, le echas agua... La pones en la candela a hervir, que hierva… y cuando está ya hervida la coges y la apartas. Y esa ceniza se va abajo y ahora la clarilla, que se llama clarilla, se viene arriba. Pues ese cacharro, el agua la coges y la echas en otro cubo. Colada, que no tenga carbón y que no tenga nada y la echas en otro cubo. Ahora coges un poco de aceite de oliva al agua, y lo bates y ahora tú las ciruelas las vas mojando.

María Josefa Villarán, Almonte

Que su uso principal sea el consumo dentro del núcleo familiar no debe hacer olvidar otras funciones que tienen igual importancia o incluso mayor. Las ciruelas autóctonas tan preciadas y diferenciadas de las comerciales, por su carácter de exclusivas, tienen la capacidad de servir de valioso instrumento de intercambio económico en el sentido amplio. Se incorporan a las diversas estrategias que integran la economía moral utilizándose como pago por determinados favores, muestras de afecto, etc., para equilibrar las transacciones morales frecuentes en estas comunidades. Además las frutas locales funcionan como evocadoras del pasado, activando la identidad local y produciendo sentimientos de cercanía y territorialidad. Cuando estas frutas se consumen se recuerdan experiencias, familiares que estaban presentes cuando se comían ciruelas o se cultivaban. Se activa la memoria individual y colectiva que une al ser humano con su entorno y la historia. No se come la fruta sino lo que representan. Se come el símbolo, la fruta del terreno o del país, la fruta de los abuelos, la que sólo unos pocos tienen, las que son naturales por la forma en que se cultivan.