Biodiversidad y Conocimiento Local ‹ Índice
Cultivos leñosos·El albérchigo·0%

Cultivos leñosos

El albérchigo

Lectura ~39 min

Introducción

El melocotonero o Prunus persica presenta en Doñana las formas vulgaris o melocotonero común y leavis DC o nectarina, también conococido como nactarinas. La nectarina autóctona, si bien es una variedad por todos reconocida, podría estar amenazada de extinción ya que no se ha podido localizar ningún ejemplar de este tipo durante nuestro estudio. De la variedad melocotonero común sí se han localizado dos ejemplares autóctonos que en Doñana reciben el nombre de albérchigo. Si bien podemos encontrar cierta ambivalencia en el uso actual de esta etnotaxonomía, ninguno de los informantes utilizará el término melocotón para designar la variedad antigua de albérchigo. Todo parece indicar que el término albérchigo estaba generalizado en un pasado para designar los melocotones y que conforme llegaron nuevas variedades el nombre de melocotón se fue extendiendo y desplazando al albérchigo.

Para el conjunto de las variedades locales de melocotonero en el Entorno de Doñana está claro que han compartido la misma historia de muchos frutales locales en la zona, como ocurre con los ciruelos, al haber sido variedades de frutas elegidas para las plantaciones de carácter intensivo que se han desarrollado en Doñana en los últimos años en detrimento de las variedades locales, dando lugar actualmente a una grave erosión genética.

No, ya no. He estado investigando y ya no quedan ninguno [albérchigos]. (...) No, y que ha ido todo a los monocultivos estos modernos, a las variedades estas modernas. Ya te he dicho que Los Mimbrales se injertaron porque lo traían de Valencia.

Antonio Magro, Almonte

De la información recogida se deduce que en el tiempo que los informantes recuerdan coexistían en Doñana diversas variedades de Prunus persica. De las nectarinas pudo haber alguna variedad aunque no haya habido suerte en su localización, y de melocotoneros pudo haber más de tres, diferenciadas entre otros caracteres, por su época de maduración. Había melocotones desde mayo y junio hasta septiembre. Unos melocotones colorados, unos amarillos, y unos pequeños y ácidos, los más tardíos, que maduraban en septiembre. De las entrevistas, al no haberse localizado ejemplares ninguno, no se puede hacer un dibujo preciso de cómo serían las variedades primeras. Afortunadamente se han podido localizar los melocotoneros más tardíos, que son éstos que todos coinciden en denominar albérchigos.

227 · alberchigo_1_fruto
Albérchigo de Hinojos. Frutos. Hinojos. Agosto.

No hay claridad con otros dos nombres, melocotón amarillo y albérchiga blanca, no destacados por su pequeño tamaño (que sí se resalta en el albérchigo), y que pueden ser la misma variedad. Los albérchigos, aquéllos tardíos y pequeños, unas veces son descritos como colorados y la mayoría de las veces amarillos.

¿Y albérchigos, los recuerda?

Hombre, el albérchigo era el viejo, era el melocotón viejo, se puede decir, y después como han venido tantas variedades y eso…

Pero los antiguos que usted conozca…

Sí, yo conocí el antiguo pero no te puedo decir de nombre.

¿Pero cómo era el fruto?

El fruto era medianito, el melocotón o el albérchigo le pasaba como al albaricoque, los había más blanquitos, más rojos, y había dos o tres clases, y uno amarillo que era ya… se venía por septiembre o por ahí, muy tardío…

Pero eso de albérchigo, ¿no?

Sí, era el tipo de albérchigo, pero el nombre ése se ha perdido y se puso todo en melocotón. Yo me parece que albérchigo ya no se le llama a eso, nada más que melocotón.

Gregorio González, Villamanrique

Antes de desarrollar los aspectos etnoagronómicos de esta variedad, nos parece oportuno hacer una breve referencia en los usos del lenguaje para describir y denominar este melocotonero pues, como ocurría con los términos damasco y albaricoque, encontramos la circunstancia de que pueda ocurrir un proceso similar de deslegitimación taxonómica sobre el nombre autóctono, que pudo originarse en una época cuando los melocotoneros foráneos comenzaron a llegar a la zona a mediados del siglo pasado. Como puede comprobarse en la siguiente cita (ejemplo del discurso de muchos agricultores aunque no compartido por todos), se establece que no había diferencias cuando alguien hablaba de melocotón o albérchigo. Además de esta inclinación por la difusión del nombre foráneo frente al vernáculo, porque como explicamos en el damasco, esté asociado a una idea de más prestigio, en el albérchigo se da cierta ambivalencia de género en el término, pues hay fluctuaciones entre los vocablos albérchigo y albérchiga.

¿Y además de esa albérchiga ha conocido usted alguna otra?

También he tenido, en el mismo árbol tuve injertado paraguayo. ¿Sabes lo qué es paraguayo? Es una fruta aplastada así, como un buñuelo, le dicen paraguayo, vendría de… Vendría de Paraguay y aquí le llamaban paraguayo, muy dulce.

¿Y usted ha visto paraguayos de ésos por algún lado?

Yo los he tenido.

¿Pero además de usted lo ha tenido alguien más por aquí?

Pues sí, ese paraguayo lo cogí también en una plantera en el campo, de un señor que compró plantas que venían de un vivero.

Pero que no es un cultivo tradicional de aquí, que eso no lo han tenido…

No, no es tradicional. Eso es traído de otro sitio. Sí, pero de hace ya también 40 años.

¿Y además de esta albérchiga blanca ha tenido usted algún otro tipo, o ha conocido otro tipo de albérchiga aquí en Almonte?

Pues sí, había otra albérchiga que le decían, una especia a la nectarina de ahora, que le decían abridores, que se abría, se le hacía una raja y se abría la albérchiga y era…

¿Y de qué color era ese tipo de albérchiga?

Pues era así, morado, morado.

Era morado. Más tirando al color de la ciruela o una cosa así, ¿no?

Sí, sí, un color de la ciruela negra más o menos.

¿Y el árbol era muy distinto?

El árbol, un árbol normal de dos metros, tres metros.

¿Y era parecido al albérchigo blanco?

Sí, sí… Era una especie a los árboles nectarinos, éstos que hay nectarinos ahora, pues un estilo a ésos.

¿Y usted conoce quién tiene albérchigas de estos de abridores?

Pues no, eso ya se perdió aquí, de eso ya hace muchos años.

¿No le suena a usted por el campo, quién puede tener cosas de ésas?

No, no, no lo sé.

Manuel Acosta, Almonte

Las principales características que sirven para identificar el albérchigo local son su tardía fecha de maduración, tener tonos rojizos al madurar y ser muy pequeño en comparación con el resto de melocotones que se conocen y recuerdan. También parece que el resto de melocotones que también hubo en el pasado no eran tan pubescentes como estos albérchigos. Sólo dos ejemplares, uno el Almonte y otro en Hinojos, han sido accesibles para ser caracterizados y hay grandes probabilidades de que constituyan dos variedades distintas de albérchigo. Es por esto que hemos convenido denominarlos albérchigo de Hinojos y albérchigo de Almonte.

El albérchigo de Hinojos, que se mostraba en imagen anterior, se ha localizado en el área periurbana de Hinojos, en la linde del olivar de uno de los informantes en este estudio, mantenedor de diversos cultivares locales de diferentes especies. Aunque no se haya localizado en el resto de localidades, esta variedad sí que se recuerda y se describe en las entrevistas llevadas a cabo en toda la zona, teniendo las gentes una fresca memoria de los albérchigos.

¿Melocotoneros, qué tipo de melocotones había?

M.: Pues melocotoneros, los que hemos dicho antes, el melocotón y la albérchiga...

¿Pero de melocotón sólo había uno, o varios tipos?

F.: No, había el colorado, que era más colorado, y el amarillo.

M.: Que era más amarillo.

V.: Y el albérchigo.

¿Cuál era más grande de los dos, el colorado o el amarillo?

F.: Eran de tamaño casi iguales todos, como si fuera un melocotón.

D.: Ahora, que el mejor es el de agosto, que había en agosto, como había antes en las viñas…

¿El colorado o el amarillo?

D.: Amarillo, amarillo era.

F.: Más fino, el amarillo era más fino.

M.: Que nosotros también teníamos uno amarillo, en injerto. Que echaba una carga que daba miedo.

D.: Fui un día a Manzanilla y nos íbamos a la taberna a tomar unas copas de vino y estaba yo con Cristóbal. Me dio el medio pan y me dijo: «espérate...», y me dio cuatro o cinco melocotones, en agosto, así [de gordos], rubios, rubios, pero un melocotón…

¿Y el colorado en qué mes venía?

M.: Ésos eran de verano, pero no te puedo precisar.

J.: Los colorados se venían antes...

M.: El melocotón era más tardío.

J.: El melocotón sí, pero los otros se venían antes. El albérchigo se venía en agosto y casi septiembre.

Diego Sánchez, Mariano Díaz, Fidelio González, Juan Sánchez y, Venancio Cano, Hinojos

228 · alberchigo_1_hojas_frutos_2
Albérchigo de Hinojos. Fruto. Hinojos. Agosto.

El segundo albérchigo local es el albérchigo de Almonte, muy parecido al primero. Localizado en la finca de uno de los mantenedores de Almonte, junto a un pozo, se diferencia del albérchigo visto con anterioridad en la forma del fruto, con una prominencia en la zona estilar. En estos detalles nos centraremos en la caracterización más adelante.

229 · alberchigo_2_fruto_agosto_perecito
Albérchigo de Almonte. Almonte. Agosto.

Informantes de Villamanrique también han descrito esta variedad de albérchigo aunque ni en Villamanrique ni en Hinojos se han localizado ejemplares de este cultivar.

¿De melocotones cuáles había antiguos? Unos más feos, otros más blancos...

J.M.: Esos así pelusitos, pero ésos ya... [duda que queden ejemplares].

D.: Le llamábamos nosotros albérchigos. Aquí el antiguo el que ha habido aquí es el albérchigo.

¿Aquí no ha habido melocotones antiguos? Tendría que haber alguno...

J.M.: Sí, aquí había uno que te dejabas el hueso limpio, te lo comías tú...

El hueso limpio, no estaba agarrado a la carne...

J.M.: Y después había otro que te llevabas tú con el hueso... y no lo pelabas.

D.: El albérchigo estaba muy bueno.

J.M.: Albérchigo y melocotón.

D.: Albérchigo, los jodidos es que se abichaban muchos.

J.M.: Si hoy hay melocotones así [gordos].

Pero bueno, ¿qué melocotones había antiguos?

J.M.: Melocotones y albérchigos.

¿Pero de melocotones había varios tipos?

J.M.: Yo nada más he conocido el melocotón y el albérchigo.

¿El melocotón era rubio o era colorado?

J.M.: Rubito y el otro colorado, pero eran más bien chico...

M.: Sí, eran chicos

J.M.: Pero cargaban todos los años amontonados, que echaban la flor coloradita, pero ahora no... es que ahora las cosas que hay tienes tú que dejarlas viejas...

¿Y alguno que fuera tardío?

J.M.: Sí que los había, que se cogía después de la vendimia.

¿De qué color eran?

G.: Para el tiempo de la era...

J.M.: Me acuerdo yo que mucha gente los tenía en las viñas y vendimiando: «yo voy a coger unos pocos melocotones de estos... ».

G.: Sí, de los albérchigos...

¿Eran más chicos que los tempranos...?

J.M.: No, más o menos...

¿Y el color?

J.M.: El melocotón era más colorado que el albérchigo... ese que se pelaba... que tenías que rascar el hueso con una navaja... ése era más coloradito que el otro. El otro tenía pelusitas blancas...

D.: Era medio pálido

J.M.: Pero ahora hay melocotones blancos... ahí en la tienda mismo...

D.: Pero ellos lo que quieren es lo antiguo de aquí...

Diego Rodríguez, José María Romero, Manuel Escobar, Gregorio González, Villamanrique

Según todo indica, la principal competencia que los melocotones antiguos han recibido de los modernos es su mayor tamaño y su idoneidad para los nuevos manejos, tanto en lo que refiere a la comercialización y el transporte, como a su capacidad para resistir plagas asociadas al tratamiento con químicos. Estas limitaciones eran compensadas con su sabor y jugosidad pero, como señala el siguiente productor y vendedor de melocotones, el público centra sus demandas en el aspecto exterior.

Entonces el melocotón antiguo es más dulce que el otro, pero como tiene una vista distinta pues la gente no…

Claro, es más chico. Antiguamente había muchas clases. Había albérchigas que eran más gordas y ésas tenían la carne blanca.

¿Y eran más tempranos que los melocotones?

Sí eran más tempranos, ésos eran los más tempranos. Así iba la cosecha cambiando, para cuando terminaba una empezaba otra. Yo tenía muchas albérchigas, pero ya se han perdido.

¿Por qué, no las quiere la gente?

Sí las quieren, pero es que a éstas les dan [consumen] más porque son más gordos [los melocotones modernos]. Y la gente con la vista come más que nada. ¡Pero dónde va a parar! Son el doble de ricas que éstas. Éstas la mayoría no echan gusto a nada. La mayoría de los melocotones éstos [los modernos] no echan gusto a nada. Los del verano son los mejores. Los que se cogen más tarde dan más. Los tempranillos ésos los he tenido también y los he tenido que arrancar. No echaba gusto a nada, te los tenías que comer casi verdes para que echara gusto un poquillo a acidez. En cuanto que se le quitaba la acidez no sabía a nada. Son muy tempranos pero después no saben a nada. También tienen muy buena vista, pero después para comer…

Antonio Pérez, Almonte

Caracterización

El porte del árbol de los albérchigos muestra variaciones en los dos ejemplares caracterizados, siendo ambos árboles de pequeño tamaño pero con porte extendido en el albérchigo de Hinojos y colgante en el albérchigo de Almonte. Su tronco es robusto y la madera tiene cierta fama de ser débil y poco resistente, con tonos rojizos característicos en las estructuras más jóvenes y oscura hacia gris cuando el árbol es adulto.

230 · alberchigo_1_porte
Albérchigo de Hinojos. Árbol. Hinojos. Agosto.

¿La madera cómo es, es dura o es…?

La misma, la madera es igual. Es muy endeble, la madera de todos los melocotones es muy endeble.

¿Los frutales así como el ciruelo también tienen la madera endeble?

No, el ciruelo la tiene más fuerte. Y el damasco también es más fuerte todavía. Pero el melocotón no, el melocotón tiene una madera muy endeble.

Antonio Pérez, Almonte

Los dos ejemplares localizados eran árboles pequeños comparados con los melocotoneros alóctonos cultivados en la zona. El de Hinojos se encontraba a las afueras de la localidad integrado en un olivar de secano, como puede verse en la imagen más arriba. El ejemplar localizado en Almonte crecía en el borde de una antigua noria de riego, con bastantes limitaciones de espacio para desarrollarse pero aferrado a no desaparecer. Su tamaño era bastante reducido y estaba en un estado de creciente deterioro.

231 · alberchigo_2_porte
Albérchigo de Almonte. Árbol. Marzo. Almonte.

El aspecto del árbol en estas variedades no nos ayuda mucho a diferenciar una de la otra, pues presentan fisionomía muy parecida. Afortunadamente la observación de sutiles diferencias en las hojas y, sobre todo, en los frutos de estos albérchigos nos han ayudado a distinguir morfológicamente estas dos variedades de melocotonero local en el Entorno de Doñana.

Con respecto a las hojas de ambos ejemplares podría decirse que las diferencias son mínimas. Ambos árboles presentaban hojas con una tipología común a la especie, lanceoladas con bordes aserrados y de un color verde intenso que se tornaba amarillento conforme entraba en el período de maduración de los fruto. Tienen un aspecto alargado a primera vista. Los agricultores destacan cómo las hojas de los melocotones modernos son más anchas que estos antiguos, cualidad que se percibe fácilmente. Los albérchigos tienen hojas de tamaño muy similar, en torno a los 75 mm de longitud por casi 21 mm de ancho (ver tablas de caracterización). Al mismo tiempo se pueden observar matices diferentes en la curvatura del limbo, siendo la curvatura del ápice de la hoja mucho más pronunciada en el albérchigo de Almonte que en el albérchigo de Hinojos. En ambos, antes de caerse las hojas en el mes de septiembre, éstas se tornan de intensos colores amarillentos y rojizos, otorgando a la finca hermosos contrastes.

¿Las hojas se diferencian de los modernos?

Es más fina, más estrechita más…, las de los modernos son más grandes, más gordas.

Antonio Pérez, Almonte

232 · alberchigo_1_hoja
233 · alberchigo_2_hojas
Albérchigo de Hinojos. Bordes crenados. Poca curvatura del ápice. Hinojos.

Albérchigo de Almonte. Hojas. Almonte.

Por otro lado las flores tampoco presentan diferencias morfológicas que mediante la observación nos ayuden a distinguir entre variedades. Las flores del albérchigo en Doñana son de color rosado, mezcla del fucsia que domina la base de la corola y que se va tornando blanco conforme avanza por los pétalos, mientras se mantiene en la longitud de los filamentos de los los estambres, rematados con el color alvero de las anteras. Al igual que ocurre con las hojas, a simple vista puede apreciarse cierta diferencia con respecto a las flores en los melocotones foráneos, siendo las locales por lo general más blanquecinas. Es común encontrar éstas flores en ramos mixtos, con yemas de flor y de madera. Como todas las rosáceas, tienen cinco pétalos y abundantes estambres.

Melocotones antiguos había el melocotón y el albérchigo. Rubito y otro colorado, que cargaban todos los años amontonados, con la flor coloradita.

José María Romero, Villamanrique

234 · melocotonero_flor_detalles_febrero_no_local
Albérchigo. Flor en diferentes estados. Febrero. Villamanrique.

Para distinguir entre variedades de melocotoneros, desde la agronomía se pone mayor atención en las diferentes características relacionadas con el fruto, como la época de maduración, si la pulpa es dura o blanda, el color de ésta (que es la descripción más extendida), el grado de tomentosidad (pubescencia o vellos en la piel) y la adherencia del endocarpo (facilidad con la que la carne se desprende del hueso) (AGUSTÍ, 2006:286). En nuestro trabajo también fueron las características del fruto las que aportaron la información más sustancial.

Los descriptores más utilizados desde el conocimiento local para distinguir entre las variedades que hay en la zona, y que también hacen referencia al fruto, son el color y su época de maduración. Es decir, el observador que pudiera distinguir las diferentes tonalidades de los frutos de los melocotones, descritos como amarillos, colorados, o blancos y dorados, y sabiendo cuándo maduran, podría diferenciar entonces las variedades. Otras características adyacentes son la adherencia del hueso y la pubescencia de la piel, pero éstas no son utilizadas por los agricultores para distinguir entre variedades. Se identifican entonces melocotones (sin especificar el cultivar) cuyo hueso se desprende con facilidad o, por el contrario, melocotones que incluso, como dicen algunos, se tiene que “roer el hueso con un cuchillo”. También describen melocotones con más pelusitas o pelos que otros.

La albérchiga y el melocotón gordo son los que más han abundado. La albérchiga es más menuda. Nosotros lo arrancamos el año pasado.

Diego Sánchez, Hinojos

Tenemos entonces dos albérchigos locales con colores muy parecidos cuando alcanzan la maduración, que también es simultánea. Presentan ambos tonalidades blanquecinas mezcladas con el verde que tienen durante su desarrollo; son descritos como dorados pero que incorporan un rojo intenso cuando están maduros. El rojo entonces domina el color del albérchigo y es que capta la atención del que observa.

235 · alberchigo_1_hojas_frutos_8
Albérchigo de Hinojos. Frutos y hojas. Agosto. Hinojos.

¿La albérchiga chica de qué color era? Nos han dicho que había una más gorda y otra más pequeña, la pequeña, ¿cómo sería?

F.: Entre verde y amarilla.

J: Amarilla y colorada.

¿Y hay algún albérchigo todavía por ahí en el campo?

M.: Pocos habrá, albérchigos antiguos, pocos habrá, porque antes se tenían...

F.: Sí, la fruta de aquí en Hinojos se ha perdido ya, la de Hinojos se ha perdido

Mariano Díaz, Juan Álvarez, Diego Sánchez, Fidelio González, Hinojos

Es por esto que podríamos pensar que estamos hablando de la misma variedad de albérchigo en Almonte y en Hinojos. Dos mismos ejemplares de la misma variedad, según las descripciones. Pero si el conocimiento local organiza así las variedades de albérchigo, nos encontramos con un detalle que, aunque no ha sido resaltado en las entrevistas (tan sólo en una) nos ha ayudado en la investigación para delimitar dos variedades diferentes, al menos morfológicamente. En lo que respecta al fruto, el albérchigo de Almonte presenta una prominencia en la zona estilar, en el extremo opuesto al cabo, que está totalmente ausente en el albérchigo de Hinojos. Esta forma característica que en la sierra de Huelva da origen a la terminología de melocotón “con picón” (con un pico en el extremo), no es utilizada en Doñana para describir el fruto, de manera que en ninguna entrevista se ha hecho referencia a este detalle al hablar de los albérchigos.

236 · alberchigo_1_frutos_2
237 · alberchigo_2_fruto_detalle
Albérchigo de Hinojos a la izquierda y albérchigo de Almonte a la derecha.

El albérchigo y el melocotón... uno lo había amarillo y otros doraditos con un piquito en el culo. Muy buenos… ésos eran los antiguos.

Gregorio González, Villamanrique

Del total de las entrevistas realizadas este informante sería el único que rescataría del recuerdo esta característica en la forma del fruto, señalando el “piquito en el culo” y su color dorado. Cuando nos ofrecía esta descripción desde Villamanrique parecía tener delante el melocotón cuya imagen se muestra más arriba, la imagen del fruto del único ejemplar de albérchigo de esta variedad, localizado en Almonte (desgraciadamente durante el periodo de trabajo de campo este albérchigo perdió la totalidad de la producción durante una fuerte lluvia de septiembre, lo que nos limitó al caracterizar los frutos). Posteriormente, en los últimos días previos a su maduración, se va tornando rojizo, transformando su aspecto en la última etapa de su vida, cuando muestra la característica que le da el nombre.

Estaban los albérchigos ésos...

¿Cómo eran?

Un poquito más chicos con muchos pelitos, muchas basuritas.

¿Era más pequeño?

Sí.

¿Y de color?

Un poquito pardito cuando iba madurando, depende de que el sol combata a la fruta, porque si está muy sombría pues sale blanquita, como está muy castigada por el sol sale doradita.

Antonio Medina, Hinojos

Otras cualidades del albérchigo son el color de la carne del fruto, blanquecina, con una fuerte adherencia al hueso. Este hueso, de gran tamaño en proporción con el fruto, presenta recíprocamente fuerte adherencia a la carne. Su color es rojo intenso, “como la sangre”, utilizando la expresión que usada en otras zonas de estudio (sierra de Huelva) donde hay variedades de melocotón cuyo hueso tiene una tonalidad similar. A los melocotones con esta característica le dan el nombre de almagreños en Galaroza, a no más de 100 km de Doñana… Esta cualidad también lo diferencia del resto de melocotones, pues ninguno era destacado por el hueso así descrito.

¿El albérchigo no lo distingue del melocotón?

Pues yo creo que es igual, que es lo mismo. Ahora mismo no sé la diferencia que puede haber. Yo sé que era chiquitito, con muchos pelos, muchos pelitos, pero no lo diferencio del melocotón.

Más blanquillo, más gordo, más colorado…

Había como ahora, varios colores. Más blanco, más oscuro y hasta el amarillo ese que era muy tardío. Ahora hay veinte clases.

¿Y de esos antiguos puede tener todavía alguien?

No sé, yo creo que esos antiguos no los habrá ya, es un árbol de poca vida también, no como el naranjo, que dura más que uno. Pero de ésos yo creo que no, porque la gente ha ido todo el mundo reponiendo sobre lo más moderno y eso yo creo que se ha perdido.

Gregorio González, Villamanrique

238 · alberchigo_1_caract
Albérchigo de Hinojos. Frutos. Finales septiembre. Hinojos.

Yo el albérchigo que he conocido siempre es el que estaba en la huerta al lado de la noria.

El que tiene el hueso colorado por dentro.

Era verde con una pinta coloradita, el albérchigo.

¿Y era pequeño o normalito?

Se criaban de todo, así y otros más chicos...

Isabel Rodríguez, Villamanrique

Por último conviene señalar que la carne del albérchigo es bastante densa y tersa, a diferencia del melocotón amarillo, que presenta mayor porcentaje hídrico, lo que lo hace menos resistente al almacenaje y manipulación una vez recolectado. Cuando los agricultores describen su sabor suelen acentuar su acidez y amargor, en contraste con otros melocotones más dulces.

El tamaño de este albérchigo, como señalaba el anterior informante, es verdaderamente pequeño, en comparación con el tamaño medio de los frutos que estamos acostumbrados a encontrar en los mercados, no alcanzando más de cinco centímetros de alto y de largo como puede verse en las tablas de caracterización con un peso medio de 73g Como algunos agricultores han dicho durante el capítulo, era casi como una nuez.

Ecología

Los albérchigos y el melocotón amarillo son las dos variedades más tardías de los melocotones antiguos, que también resultan muy tardías si se comparan con los melocotones modernos de la zona, que suelen madurar a finales de la primavera. Los albérchigos locales caracterizados maduran a finales de agosto y septiembre, momento en que comienzan a adquirir las tonalidades rojizas en las partes más soleadas, proceso que suele describirse como la aparición de la roseta o el lucero.

¿Usted ha conocido alguna vez el albérchigo por aquí?

De esos melocotones antiguos de esos... ahí lo tengo.

¿Qué tipo de melocotonero tiene?

De estos que tiene un olor exquisito, no me acuerdo ahora el nombre.

¿Es más grande que el de las tiendas o más pequeñito?

Igual, pero son de los antiguos que hasta agosto y casi septiembre es cuando se viene. Se me secó, tenía uno así en el corral y me traje de los huesos...

¿Y sigue teniendo la misma variedad antigua?

Eso es.

¿Cuántas variedades había por aquí de melocotón?

El melocotón y el albérchigo, que es más delgado y coloradito por dentro que el melocotón. Unos eran colorados, y otros que le decíamos la albérchiga esa blanca, eso es.

Ramón Panadero, Hinojos

Aunque en Hinojos todos coinciden en señalar que la fecha de maduración del albérchigo colorado es en agosto, algunos mantenedores de esta misma variedad en Almonte informan que su maduración puede retrasarse hasta septiembre.

¿Y el que tiene en el pozo [un albérchigo colorado].?

No, el que tengo en el pozo es de agosto para adelante.

¿Entonces tiene ahora [septiembre] todavía melocotones?

Yo creo que los tendrá todavía. Bueno, ahora mismo no te puedo decir, ya ves, todos los días me rozo con él y como no le echo cuenta…Y no sé si se le habrán caído ya al suelo. A lo mejor ya con el agua se han caído al suelo. Porque ya lloviendo, le pasa igual que con el tomate, lloviendo se echa ya por ahí.

Antonio Pérez, Almonte

En este caso así ocurrió y después de unas intensas lluvias en la segunda quincena de septiembre de 2007 este melocotonero tiró todos sus frutos al suelo, de donde fueron rescatados para su caracterización, pero incluso entonces se pudo observar que los frutos no estaban del todo maduros.

Como hemos apuntado, y tal y como se señalaba con el damasco, muchos agricultores inciden en que para que los frutos acaben de madurar correctamente y adquieran un buen grado de azúcares, aumentando la sensación del sabor dulce, hay que procurar que el fruto reciba adecuada iluminación solar.

M.: Es igual que el melocotón, igual que la ciruela…, si tiene más sol está más bueno, el que tiene menos sol, que se viene antes, pues no tiene el dulzor que tiene el otro.

M.J.: El melocotón más rico que hay es el de agosto. Que es el amarillo ése…

Manuel Orihuela y María Josefa Villarán, Almonte

La sensación de dulzor en el fruto es también referida como el almíbar de la fruta, como aparece en la siguiente descripción, relacionando esta sensación con los resultados de la conserva de los frutos o el preparado en almíbar. De nuevo el sol aparece como el responsable directo del buen sabor del fruto, de manera que aquellos frutos más tempranos se perciben como imposibilitados de recibir estos beneficios del astro solar, adaptando así la poda del árbol a esta carencia de radiación, al contrario de los más tardíos, que tienen que ser protegidos de lo que los otros necesitan.

Porque el sol es el que le da el almíbar a la fruta. Por eso los melocotones, las ciruelas, y toda la fruta muy temprana, muy temprana no tiene el gusto de la más tardía, porque no coge sol.

José Espina, Almonte

Con respecto a la época de floración llama la atención cómo madurando el fruto al final del verano, el albérchigo es bastante temprano en florecer, de manera que las yemas florales que han estado en reposo durante el invierno comienzan a abrirse a principios de febrero, mostrando el rosa de sus pétalos sobre la madera todavía desnuda de hojas.

Al ser árboles caducifolios los melocotones pierden sus hojas allá por el mes de octubre e incluso noviembre, pues recordemos que los más tardíos prolongaban su ciclo productivo hasta septiembre. El color verdoso de las hojas se va tornando de un rojizo amarillento que se intensifica con el sol del atardecer. Durante el letargo el albérchigo pasa el invierno sin hojas, hasta que éstas comienzan a brotar en el mes de marzo, después del brote de las flores.

239 · alberchigo_2_porte_2
Albérchigo de Almonte. Almonte. Septiembre.

Un aspecto que todos los agricultores se preocupan de advertir en el albérchigo, y que se generaliza para todas las variedades de melocotonero, es su corta vida en comparación con otros frutales. Las referencias que los agricultores hacen al fenómeno del careteo, como suele denominarse al proceso de seca y senescencia de los árboles, son abundantes cuando se habla del melocotonero.

¿Y los melocotones qué tienen, la vida más corta? ¿Duran menos estos árboles?

Los melocotones duran muy poco, se parten las ramas… Hombre, duran algo más porque está injertado en almendro, que es muy duro, pero el melocotón tiene muy poca vida, la madera del melocotón tiene muy poca vida. Con nada se caretean todos, con el sol se parten las ramas. Yo porque no le dejo mucho, le dejo así varas que a lo mejor a ésta le dejo dos o a éste una… ésta ya va metiendo. Con tres que le deje tiene suficiente y que se pongan gordos que, si no, no engordan.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Parece que los albérchigos y las variedade antiguas son algo más resistentes que las modernas, pero no hay mucha información al respecto para sacar conclusiones.

¿Y el melocotón, por qué lo dejo?

Porque es muy complicado ya, uno es muy viejo ya. Hay que estar siempre encima, muchos tratamientos.

¿El melocotón de todas formas es una planta que dura poco, no?

Ése es el moderno, pero el otro duraba más, el otro te duraba 20 años.

Antonio Magro, Almonte

Manejo del suelo y riego

Con respecto al manejo del suelo disponemos de poca información en cuanto al albérchigo local se refiere. Teniendo en cuenta que sólo dos ejemplares han podido localizarse y la tradición de injertar los frutales de hueso en almendro, sobre todo en el albérchigo por la corta vida del frutal, no hay datos para profundizar en este tipo de información. También se ha de notar su carácter marginal en los predios donde se localizaban, destinados a hortícolas y frutales como olivos y naranjos. Esta marginalidad, que con el melocotón es espacial y numérica, hace que por lo general este frutal influya poco a la hora de tomar decisiones sobre el manejo del suelo. La rusticidad del albérchigo lo hace también bastante adaptable a los diversos tipos de suelos que puedan existir en la zona y, como ahora generalmente ocurre, también se ha adaptado al no laboreo.

Esta rusticidad y la poca necesidad de cuidados de los albérchigos locales los hacen también poco dependientes del riego, sumado a la costumbre de espaciar considerablemente su marco de plantación, sobre todo en las parcelas de secano. Hay que tener en cuenta que antiguamente en Doñana los sistemas de riego no estaban muy extendidos y siempre domina la idea, con orgullo, de lo bien que se desarrollaban los frutales en secano. Los dos ejemplares localizados de albérchigos siguen en secano en la actualidad y no hay referencias a necesidades específicas de riego.

¿Y el que tienes en tu campo, lo riegas?

Ése no

¿Ha salido sólo?

Sí, ha salido sólo, pero es que además no se ha regado nunca. Los melocotones antiguos no se han regado nunca en la vida. Estaban en las tierras unos aquí y otros allí, pero no se han regado nunca.

Antonio Pérez, Almonte

Reproducción

Muchas son las anécdotas de frutales autóctonos, en este caso albérchigos, que germinaban espontáneamente cerca de los progenitores y en aquellos espacios donde se consumían los frutos. El albérchigo aparece según los agricultores con sobrada capacidad germinativa, de manera que alcanza bastante independencia para conseguir su reproducción.

Allí había un albérchigo de esos antiguos [en su finca]. Entonces allí se cayeron los huesos o parte del árbol en un agujero grande que hizo el agua un año. Hizo una cárcava muy grande y se tapó. Al cabo del tiempo esa cárcava se utilizó para tapar el albéchigo ese que se arrancó y se echó dentro de los agujeros, para los olivos, desmarojo... Y al cabo de los años salió un albérchigo.

José Cano, Hinojos

Así como con los damascos y ciruelos siempre aparece la referencia a un progenitor silvestre de los frutales, con el albérchigo algunos agricultores han comentado cómo con la siembra de huesos existe la posibilidad de obtener árboles con frutos amargos que posteriormente han de injertarse en variedades dulces. Ya vimos que el fenómeno denominado bastardeo indica la pérdida de calidad de una estirpe, como vimos por ejemplo con el tomate, cuya productividad decrece cuando no se efectúan rotaciones. Aunque en el melocotonero el fenómeno de transmisión y aparición de carácterísticas no deseadas no sea propiamente este bastardeo, el imaginario local proyecta la misma idea para representar la pérdida de cualidades en una especie cultivada, en este caso de un frutal. La reproducción por semilla parece entonces estar expuesta, en el albérchigo, a que los caracteres que favorecen buena productividad y frutos deseados no se expresen.

V.: Bastardean [los albérchigos], bastardean.

F.: Como no sean injertados, no salen.

M.: Si, eso pasa lo mismo que pasa en los olivos...

F.: Aquello salió de un hueso, de unos melocotones exagerados, y empezamos a coger los huesos, mi abuelo y yo, y los sembramos allí, en una cosa así como la mesa. Nacieron y empezamos a ponerlos por allí y por aquí, y cuando echaron... como almendras.

M.: Yo no sé eso por qué se da en unos árboles sí y en otros no. En el olivo pasa lo mismo. En el olivo lo que sale de un hueso, la aceituna es chica.

J.: Sale acebuche

F.: Todo lo que sale de un hueso, sale bravío.

M.: Pues sin embargo el damasco que nosotros teníamos en Valdevíbora, el damasco que salía era el mismo.

F.: Por algo el injerto es para mejorar las castas, ¿no?

J.: Sí, el melocotonero que sale del hueso no suele dar un melocotón bueno.

M.: Que hay árboles en los que se dan esas circunstancias y en otros no. En la cepa pasa lo mismo, en la uva, y en la higuera lo mismo, la higuera que sale de la pepita, tampoco frutea bueno.

Mariano Díaz, Juan Sánchez, Fidelio González. Hinojos

Aun siendo sabedores del riesgo, la costumbre de sembrar huesos de albérchigos era muy extendida, por lo que parece no se generó ninguna pauta cultural que limitase esta reproducción sexual que es la mayor responsable en la diversificación de la especie. La ventaja puede apuntar por un lado a obtener buenos patrones sobre los que injertar, y la posibilidad de mejorar las variedades existentes de manera sexual.

¿Cómo se tiene que poner el hueso para sembrarlo? ¿Con el piquito para arriba o para abajo?

Eso poniéndolo tendido, se pone tendido y ya sale por dónde quiera.

¿Y no hace falta para prepararlo ponerlo en agua antes o…?

No, metido en la tierra y ya está. Aquí nacen muchos, de tirar los huesos en las macetas salen ahí [las macetas de su patio].

¿Hay que regarlo más cuando quieres que salga el hueso?

Hombre, hay que regarlo que no se seque la tierra.

¿Y cuánto tiempo tarda en salir el hueso más o menos?

Hombre, depende… Llegando a su tiempo, eso todo lo hace el tiempo. El tiempo es el que lo adelanta y el tiempo es el que lo atrasa. Si llueve y hace un tiempo caliente, pues sale. Que llueve y hace un tiempo frío, pues aguanta allí, se aguanta allí hasta que llegue la temperatura.

¿Entonces más o menos a principios de primavera o así ¿no?

Claro, en la primavera cuando ya empieza a calentar el sol.

Antonio Pérez, Almonte

Si tenemos en cuenta su sobrada capacidad para reproducirse sexualmente, esto es, por semilla, la reproducción por injerto podría ser menos practicada pero tampoco ocurre así, ya que también esta forma se ha extendido mucho entre los agricultores. Como ya hemos comentado en previos capítulos, esta forma de reproducción es muy adecuada cuando además sirve para sustituir ramas viejas y conseguir árboles productivos más rápidamente, esquivando el periodo de juvenilidad. También propicia momentos para para experimentar en la mejora de la especie.

¿Y cuánto tiempo tarda en hacerse un arbolito para que empiece eso a producir?

Eso necesita por lo menos seis o siete años para que… para criarse, para hacerse un árbol en condiciones. Eso en un año o dos o tres no echa nada.

¿Y los modernos son más rápidos?

Los modernos vienen injertados, vienen ya muy adelantados. Ya vienen así de grandes y ya a lo mejor tienen un par de años ya eso ahí y ya, pues claro, esos dos años los tiene ya adelantados. Ya lo pones y en dos o tres años ya empieza a echar fruta. Depende del beneficio que tenga, cuanto más beneficio tenga más pronto echa fruta. Eso pasa igual con todos los árboles. Lo mismo en el naranjo… cuando más beneficio tenga más pronto se cría.

Antonio Pérez, Almonte

Como ocurre con todos los frutales en Doñana, la costumbre de injertar prunoideos sobre almendro también se practica con los melocotones, sobre todo para prolongar el tiempo de vida del melocotón sobre este patrón de reconocida longevidad.

(...) no se regaban [los albérchigos] ni nada. Después eso tiene muy poca vida, el melocotón tiene muy poca vida. Pero ahora lo injertas en almendro y tiene una vida larguísima.

¿Y qué tipo de injerto se hace?

En espiga.

Porque ya el almendro es más grande, ¿no?

Eso es. El almendro después se mete en espiga.

¿Y el almendro, qué se pone, el amargo?

Si lo pones en el amargo es mejor, es más valiente, es más fuerte.

¿Y cuánto dura el injerto que no está hecho en almendro?

Ése dura menos.

¿Siete u ocho años?

En siete u ocho años ya empieza a fallar y se echa a perder.

¿Y con el almendro?

Con el almendro no, con el almendro dura un montonazo.

¿Más que incluso el que no está injertado en nada, que está directamente del hueso?

Chispa más o menos igual. Quizás dure más el del almendro. Sí, dura más.

Antonio Pérez, Almonte

Aunque el injerto en púa es más frecuente (variante hendidura y corona) también se practica el injerto en yema, pues algunos agricultores alegan que la fina madera del melocotón no se adapta bien al injerto de púa.

¿Y también se hace en yema porque va mejor que la espiga?

Porque es que no tiene gordura y tiene una cáscara muy finita y…

Y eso no coge… no se puede clavar ahí ni nada…

Claro. Y la yema sí, la yema abres la cascarita y se mete allí, y ya está

Antonio Pérez, Almonte

Sí, he tenido albérchigo, tuve allí uno en un terrenito que tengo ahí detrás, que ése fue cogido de una planta que tenía un hombre mayor que yo. Cuando yo tendría 30 años, el hombre tenía 70 años ya. Era una albérchiga así y, de ahí cogí yo plantas, porque yo soy aficionado a los injertos, a los árboles. Y éste es un árbol, la albérchiga ésa.

¿En qué árbol injertó la albérchiga?

Pues lo injerté en almendro.

En almendro.

Que le va muy bien a los injertos.

¿Y con yema o con una púa?

Con yema, con yema.

Manuel Acosta, Almonte

El melocotonero en general se presenta como compatible con muchas especies en lo que refiere a injertos. Como cabe esperar, en los casos en que se pretende sustituir una rama vieja de un melocotón por una nueva, esta especie puede recibir injertos de melocotón, pero hay circunstancias en que, por diferentes motivos, el melocotonero sirve de portainjertos para otras prunoideas como el ciruelo, como hemos visto en su respectivo capítulo.

Ahora he injertado de las redondas ésas, he injertado el nuevo ése que hay ahí, que está en el albérchigo ése, injertado en melocotón.

¿Y éste es otro tipo de ciruelo?

El mismo, de las ciruelas redondas ésas, el mismo

Pero lo has injertado en melocotón

Lo he injertado en melocotón (...) Le quité la rama, la aserruché y lo injerté, me salieron todas las espiguetas, le metí tres espigas a uno y tres a otro, dos ramas que injerté así de gordas, y todas salieron con más fuerza… y una se la llevó el tractor, y la otra ha quedado ahí.

¿Qué dura más, un ciruelo o un melocotón?

Yo no sé el tiempo que dura un ciruelo, pero el melocotón no dura mucho, dura menos.

¿Tres o cuatro años? ¿O cinco años?

No, dura más, pero ocho o diez años a lo mejor es que… lo renuevan por ahí. Un melocotón se cría en dos años, al momento, y ya hoy no lo dejan como antiguamente, que los dejábamos casi como los olivos, pero hoy los alcanzas todos con las manos, no dejan criar los melocotones…

Diego Rodríguez, Villamanrique

Por último, en lo que atañe a la propagación asexual de los albérchigos, durante el trabajo de campo también indagamos sobre la posibilidad de enraizar esquejes radicales o chupones de melocotones, y sí que ésta era una práctica habitual. Antiguamente la técnica de transplantar nuevos árboles desde brotes radicales era común, pero poco a poco esta técnica asociada a las variedades locales se ha ido perdiendo cuando, al introducirse variedades modernas injertadas sobre portainjertos agrios, se ha percibido que así es más rápido, porque el esqueje producirá variedades agrias que después hay que injertar, complicando el proceso demasiado lo que, añadido esto a la corta vida del melocotón, multiplica el gasto energético del agricultor para conseguir fruta.

Poda

¿Tú no ves? Como ves ahora mismo ése así… El día que vengas aquí y no tenga la rama… Porque esta rama es más alta que ésta y le está quitando vida a ésta. Y además que ése ya está formado en redondo y éste no, éste tiene nada más la vera esta y le voy a cortar éso para que quede redondo, se ponga redondo, se ponga como ese, redondo…

Manuel Escobar, Villamanrique

Como vemos en la cita anterior, la imagen que guía la poda de fructificación en un árbol adulto de albérchigo local es la forma de copa o redonda. A diferencia de la verticalidad que mostraban las ramas del ciruelo, el melocotón tiende a la horizontalidad para conseguir más cantidad de luz, que repercute en los frutos, por lo que esta poda favorece mucho su inercia natural.

En Hinojos uno de los informantes desarrollaba este aspecto de la poda con gran sabiduría, poda de producción encaminada a distribuir adecuadamente la cantidad de luz sobre los frutos en el árbol, pero sin que llegue a ser perjudicial, sobre todo en el estío. Con los melocotones más tempranos la poda es diferente, pues hay menor exposición al sol y se suelen podar algo más para que el fruto esté más expuesto.

Otros [melocotoneros] que se crían para el mes de junio no se debe descubrir el árbol. Hay que podarlo, o quitarle los retoños nuevos, no quitársela del centro porque entonces en el mes de junio le quitas tú toda la sombra de arriba y cuando llega la tarde lo tienes quemado. Entonces hay que dejarlo cubierto para que no se eche a perder.

Sólo se podaba para abrirlo el primero que se venía [los más tempranos].

Los tempranos. Que son los de mayo y a primeros de junio.

¿Cómo hay que podarlo para que abra?

El palo es redondo, pues le quita del centro. Después le quitas las ramas más tupidas para que le entren los rayos de sol y los caliente y los ponga amarillitos.

Antonio Medina, Hinojos

De todas formas la práctica de la poda en las variedades autóctonas es reducida, pues apenas se gastaba energía en podar los árboles, si acaso tan sólo alguna que otra poda de rejuvenecimiento con el hacha, que se hacía en invierno, cuando el árbol estaba en latencia. Las nuevas técnicas de poda han llegado con las variedades modernas y, como muchos agricultores han trabajado en fincas de melocotón, han introducido los conocimientos y práctica de la poda con sus propios árboles, entre los que se encuentran los albérchigos locales. A pesar del poco cuidado, la producción de los albérchigos apenas se ve afectada.

¿Tú podas el melocotonero antiguo?

Sí, hay que quitarle por dentro, hay que quitarle forraje porque si no…

¿Pero se podan mucho o como el naranjo, que tampoco le gusta que esté muy claro?

No, eso se poda más, al melocotonero no le importa que le dé el sol.

¿Y cuándo se poda, cuándo ya deja de dar fruta?

Pues ahora para enero. Para cuando está muerto. No es como el naranjo, que se puede podar en cualquier tiempo.

¿Y se poda una vez nada más al año el melocotonero, no?

El melocotonero una vez al año.

Antonio Pérez, Almonte

En algunas ocasiones a lo largo de este capítulo hemos hablado del careteo o secado de la rama, que también a veces aparece como abichado. Cuando las ramas se secan, se practica la poda de regeneración, para cortar grandes estructuras y dejar nuevos brotes que sustituyan las ramas en decadencia.

Como era muy viejo y éstos [los melocotoneros] se caretean mucho, éstos no duran mucho. Éstos árboles duran ocho o diez años, es lo que duran. Éste tiene más, pero por eso, porque tiene mucha fuerza. Y le voy a quitar todo eso con el serruchito [ramas viejas], porque eso le llaman la media poda. Después hay que podarlos...

¿Entonces cada cinco o diez años hay que hacerle eso?

Cada ocho o diez años... si te echa varas, que si no echa... porque esta vara es de almendra, el padre es almendro, está injertado en almendro, por eso ha echado la vara. Si hubiese sido otro vidueño no echa vara...

Esto hay en las fincas esas por ahí grandes, cuando ya se ponen así que se parten y se caen, lo que hacen es arrancarlos y ponerlos nuevos, y en tres años tienes otra vez otro.

¿Eso [el careteo] cómo se ve que le está ocurriendo?, ¿por el fruto o la rama?

La rama que se parte mucha, tiéntalo aquí, del sol. Todo careteao, y tiene muy poca fuerza. Se parte una rama, se parte otra. Y lo que hacen es arrancarlo y en tres años tienes... Esto cría mucho [el brote de almendro], esto se injerta y cría una barbaridad... cuando llega la hora. Este año le he dado melocotones a toda mi gente y aquí se lo han comido los pájaros y se han caído todos [porque la producción ha sobrepasado el consumo de casa].

Diego Rodríguez, Villamanrique

Por último, la imagen de árbol redondo que dominaba en la poda de producción o fructificación también guía la estética de la poda de formación, como es lógico. Para conseguir la forma de copa hay que acompañar al árbol desde pequeño, viéndose obligado el agricultor a matar alguna que otra rama para, visualizando la figura del árbol en el futuro, conseguir la forma de copa. También se aprecia cómo geometrías culturales idealizada terminan por configurar el aspecto de la anatomía de las plantas. La forma de vaso o copa que asociamos con el aspecto de muchos árboles no es más que el resultado de la intervención humana sobre esta porción de naturaleza, que acaba por conformar el ideotipo de la estructura de los frutales.

Asociación con otros cultivos

Las lógicas del manejo en la agricultura tradicional favorecían el aprovechamiento óptimo de las tierras de cultivo, por lo que era muy frecuente encontrar frutales intercalados entre hortícolas y, sobre todo, pues eran los cultivos dominantes en la agricultura tradicional de Doñana, entre olivares y viñedos. Muchas son las anécdotas (como las recogidas en las primeras citas de este capítulo) que describen cómo los jornaleros de la vendimia tomaban algunas frutas de los melocotoneros que había intercalados entre las vides, dando cuenta por un lado del tiempo en que estaban maduros y de lo apetitoso que se mostrarían durante las pesadas jornadas de trabajo en el campo. En la actualidad esta práctica sigue ocurriendo aunque cada vez es menos frecuente encontrar albérchigos en los olivares, naranjales y huertos de la zona, así como en jardines y corrales.

En medio de los olivos, en Torrrecuadro, en cada crucero ponían un melocotón y se han llevado 20 años dando melocotones. Pero los han arrancado todos.

Diego Sánchez, Hinojos

Plagas y enfermedades

¿Y cuáles eran los albérchigos antiguos?

Los antiguos hay uno que es tardío, pero no lo he procurado porque es muy difícil cogerle el punto. Es tardío, pero le ataca mucho la mosca, se lo come la mosca, el del país, este, y otro que es albérchigo, que también le pega mucho la mosca, que lo pica todo.

Diego Rodríguez, Villamanrique

Como combinación de su período de maduración y la fragilidad de la piel del fruto, los agricultores describen los albérchigos antiguos como muy sensibles a la actividad de ciertos insectos. Hay que tener en cuenta también que la simplificación de los agroecosistemas a raíz de la generalización de los agroquímicos ha provocado un general desequilibrio en la estructura de flora y fauna asociada a los frutales, y al resto de cultivos, magnificando los efectos de ciertos insectos como la mosca de la fruta cuya actividad ahora se convierten en plaga. Los albérchigos autóctonos, cuya piel es bastante más frágil que la de los melocotones modernos, han pasado de ser tolerantes a estos “vecinos” del medio (no se tenía la costumbre de tratarlos con plaguicidas y los ataques no tenían el carácter de plagas), a ser víctimas indefensas. Esta condición los hace vulnerables a la pérdida de valor como variedad frutal, pues han perdido esta cualidad de ser resistente a enfermedades y plagas.

La mosca de la fruta y la mangla o pulgón parecen ser los más frecuentes motivos de padecimiento de este frutal, aunque también los agricultores describen con frecuencia lo que puede ser el ataque por el hongo Taphrina deformans, que comúnmente denominan lepra, y que provoca el abarquillamiento de las hojas (que también lo causa el pulgón), su posterior senescencia y caída, y la muerte del frutal.

¿Qué plagas suelen tener los melocotones?

Antes no tenían ninguna, pero ahora tiene 40. Ahora tienen muchísimas plagas. Como no los trates un montón de veces no… Primeramente que a la hoja le entra como lepra, que le llamamos nosotros, que se le arruga toda la hoja, se le arruga, se le arruga hasta que se cae. Y si se quedan pelones pues se secan. Y después también tiene bichos, los gusanos, la mosca... La mosca, como no lo trates de 15 en 15 días o menos, se lo carga todo. Aquellos que yo tengo allí se han caído todos al suelo porque no los traté. Vamos, los traté un montón de veces pero no lo trataría en su debido tiempo cuando la mosca, y se picaron todos…

¿Y la mosca qué hace, que salen los gusanos y se comen el fruto, no?

Claro, se comen el fruto y lo pudren por dentro. Se lían a comer dentro y ya empiezan a pudrirlo.

¿Los pájaros también lo pican mucho?

Los pájaros aquí también lo pican, pero vamos, no, no le hacen mucho daño los pájaros.

Antonio Pérez, Almonte

Como técnica de prevención habitual en el manejo tradicional de los frutales en Doñana también encontramos botellas colgadas de los melocotoneros, como se ha explicado ya en otros capítulos.

¿Tú ves? Un árbol que es muy delicado el melocotón, el nectarino y eso... eso es horroroso. Eso, eso lo ves este año bueno y al año que viene lo ves que no sale. Al fruto le ataca la mosca, le pica.

¿Y no le pones las botellas ésas que ponen?

Sí se las pongo, sí.

¿Y qué le pones en la botella? Porque la gente dice que le pone gasoil o algo así y azúcar, o gasolina y azúcar o algo...

Lejía. Le echo una poquita de agua, una poquita de lejía, le pongo una botella a lo mejor media o un poquito menos. Le hago dos o tres agujeritos. Una botella de casera le pongo, unos agujeritos aquí en redondos, más de la mitad para arriba y de ahí para abajo se lo lleno de agua y le echo un chorrito de lejía y otra pizquinina de anís.

Ah, de anís que me dijiste, ¿y les gusta, no?

Claro, no ves que el anís es muy dulce y, al ser dulce, pues la mosca va a la fruta.

José Espina, Almonte

A pesar de la introducción de nuevas técnicas en el cultivo de variedades locales, los agricultores no ignoran las consecuencias que el manejo con fitosanitarios tiene sobre los productos del campo y se mantienen bastante escépticos con algunas prácticas como la aplicación de químicos. Esto ocurre sobre todo cuando se percibe la asociación entre fruto y químico, pues cuando los químicos se emplean sin que los frutos estén presentes, no hay tan clara percepción de las consecuencias. Por ello resulta curioso observar cómo algunos agricultores, en los frutales que tienen en sus huertas, dejan de aplicar cualquier químico cuando el fruto está cercano a ser consumido. Esto no es óbice para que cuando aparezca una plaga no apliquen tratamientos, pero sí que se puede percibir cierta actitud conservadora con respecto a los mismos.

¿Y qué melocotón es éste?

Ése es un albérchigo, un albérchigo amarillo de esos gordos. No tenía [frutos] cuando estuvieron ustedes…

Sí, nos dio usted, ¿pero se acuerda que tenía unos gusanillos? Que no los pudimos probar…

Porque no lo curé, no curé para la mosca. Ya estaban madurando y digo: «ya no voy a echar líquido, no vaya a venir alguno [de sus amigos y vecinos] y me cargue yo al tío, porque para eso tengo que decirle al que entre: «no vayas a coger de éso que tiene la fruta… ». ¿Y si yo no estoy aquí y entra alguno y lo coge?

Manuel Escobar, Villamanrique

Recolección, uso y aprovechamiento

El albérchigo, al ser una fruta apetitosa y delicada, es objeto de atracción para las abundantes aves de Doñana, que en muchas ocasiones comen de estos frutos cuando están maduros. Es por ello que los agricultores son celosos en no demorar la recolección de sus frutos y cuando alcanzan las tonalidades rojas en la maduración, también denominadas rosetas o luceritos, se apresuran en cogerlos del árbol. Curiosamente cuando aparece esta roseta, aunque el fruto siga teniendo un color predominantemente amarillo, desde lo local se comienza a describir el fruto como colorado.

El carácter predominantemente tardío de los melocotoneros locales hace que conforme se atrasa la cosecha el fruto entre en lucha, además de con la fauna local, con los fenómenos atmosféricos. En septiembre suelen acontecer las primeras lluvias de otoño en Doñana y, como en el caso de la temporada de trabajo de campo, si el melocotón todavía no se ha recogido, puede sufrir un elevado daño en los frutos y caerse, haciendo que la cosecha se pierda por completo.

Por lo general ocurre que las frutas y hortalizas que no son para consumo familiar son percibidas como más distantes y se toman menos precauciones en cuanto a la salubridad de las mismas, siempre, por supuesto, dentro de los límites legales. Muchos agricultores tradicionales que son conscientes de este hecho reivindican cómo sus productos, sobre los que han tomado la decisión de no aplicar químicos, no pueden ser comparados con el resto, ya sea en términos de sabor y salubridad, como en términos económicos.

Eso es, con los melocotones lo mismo, las verduras y todo. Mi padre siempre recoge las verduras y todas las cosas la tarde antes de venderlo. Lo que pasa es que la gente, (ya ahora parece que se está dando un poquito de cuenta), antes a lo mejor tenía la idea de que como era tuyo, pues a lo mejor tenías que venderlo más barato [por su condición de vecina del pueblo]. Y yo les decía que no es así, que lo mío no tiene que ser más barato porque lo mío tiene muchísima más elaboración que lo que compras en otros sitios. Y entonces tiene que valer igual o más. Pero bueno, parece que ya la gente va comprendiendo porque… ha cambiado mucho. La fruta y la verdura ha cambiado mucho de unos años para acá, porque la gente se ha dado cuenta de que comer éstas frutas y verduras es más sano.

Claro porque ahora te ponen en los supermercados las cosas muy bonitas e igualitas…

Eso es, pero yo se lo digo a la gente que cuanto más feas son las cosas más buenas son.

Josefa Pérez, Almonte

Si algunos agricultores, como el que hemos visto en la cita anterior, tienen la posibilidad de vender los melocotones en un punto de venta público, hay otros que venden los melocotones excedentes en sus propias casa, salvando los intermediarios y consiguiendo algo más de valor. De todas formas este tipo de venta de albérchigos a través de redes sociales está casi en extinción, pudiéndose relacionar con una gran oferta de melocotones en el mercado, sobre todo en las grandes superficies. Cuando el punto de venta es la casa propia, una vez instauradas las redes de intercambio, hay un constante diálogo entre la oferta y la demanda de frutas que se articula sobre la reciprocidad y el regalo.

¿Y usted qué lo vende, a los conocidos de cuando usted vendía en el mercado?

L: No, yo los vendo en mi casa ahora, en mi casa...

Sí, pero a gente que conoce de cuando vendía, ¿no?

D.: ¿Quién se va a comer tantos melocotones? [porque los tres melocotoneros que tienen desbordan el consumo familiar].

L: Como yo las conozco, digo: «mira que tengo melocotones». Y la otra: «pues tráeme estos… y tráeme papas… ».

D.: Tengo también tomates muy buenos, y se llevan melocotones... y muchos que se dan, porque siempre se da.

Diego Rodríguez y Lola Delgado, Villamanrique